El infanticidio, común en las culturas precristianas, está de vuelta, y hay “bioéticos” promoviéndolo. Por compasión y ahorro, claro
Los provida durante años se esforzaban en demostrar que “eso que hay en el seno materno” es un niño, pensando que así salvarían la vida del bebé. Pero estamos entrando en otra fase cultural: “es un niño, sí, ya lo sé, ya lo veo en la ecografía, pero ¿y qué?, matarlo es bueno, compasivo, necesario”.
Cualquiera puede probarlo entrando en un foro de Internet a debatir sobre el aborto. Durante un ratito, el contertulio pro-aborto puede que dedique un rato a dudar de la humanidad del feto, pero después de aportar las ecografías en 4-D (sonido, movimiento, relieve gráfico, etc…), los datos genéticos (el ADN del bebé es distinto del de los padres, no forma parte del cuerpo de la madre), o simplemente, como en la película “Juno”, recordando que “tu bebé tiene uñas” (o corazón, o ojos…) queda claro que hablamos de un ser humano.

Un Techo para mi País (UTPMP) es una organización latinoamericana que nace en Chile en 1997. Después de concluir unas misiones construyendo una capilla en el pueblo de Curanilahue, un grupo de jóvenes universitarios apoyados por Felipe Berríos S.J., sintió la necesidad de denunciar la situación de extrema pobreza en que viven millones de personas en asentamientos precarios, a partir de la construcción de viviendas de emergencia y la ejecución de planes de Habilitación Social. Surge así la necesidad de convocar a toda la sociedad, dando a conocer que la falta de oportunidades y las condiciones en que viven más de 200 millones de latinoamericanos representan una injusticia que nos involucra y compromete a todos.
