La psicología en América Latina: algunos momentos críticos de su desarrollo

Frecuentemente, la Historia de la  Psicología es presentada a tratada a través de un enfoque extensivo – descriptivo centrado sobre hechos, personas y momentos concretos que han caracterizado la evolución de la psicología en una nación, una región, o el mundo como un todo. En este artículo intento una aproximación a la historia de la psicología en América latina siguiendo  una vía diferente: hacer un estudio en profundidad de dos de los movimientos de la psicología en América Latina, uno, el abordaje teórico –metodológico desarrollado por Pichon Riviere y Bleger en la Argentina, el otro, el movimiento crítico en la psicología social  que tuvo lugar desde finales de los años setenta y los años ochenta del siglo XX, integrando psicólogos de diferentes países latinoamericanos . Haciendo este análisis he querido actualizar la relevancia teórica, epistemológica y práctica de ambos enfoques en un intento por rescatar el carácter creativo y original de producciones latinoamericanas en psicología. Unido a eso, analizo en el artículo los elementos que desde mi punto de vista influyeron en la discontinuidad histórica de aproximaciones como esas en América Latina, las cuales intentaron crear algo nuevo en lugar de reproducir miméticamente las teorías dominantes

Una de las cuestiones que activamente se discute en las ciencias sociales de hoy, es la propia significación de la historia. ¿De que hablamos cuando nos referimos a la historia? La historia, como toda construcción humana toma significados diferentes en dependencia del sistema teórico más general que usa el término. Una de las formas más tradicionales de tratar la historia de la psicología ha sido el enfoque descriptivo extensivo, que nos presenta a las diferentes escuelas de psicología como “cosas en sí”, como creaciones fuera de contexto y sin vínculo con la trama de vida en que emergió cada teoría en una época concreta. Esa historia nos describe las escuelas, sus pioneros, conceptos principales y formas de organización, pero nos presentan ese saber de forma descriptiva, sin hipótesis, y sin problematizar sus relaciones con otros problemas, dominios y saberes.

En la psicología también se han presentado otras formas de hacer historia, en particular historias orientadas por problemas y por las formas en que esos problemas se han articulado en el saber psicológico, analizándose contextos, relaciones y contradicciones en el curso de esos conocimientos (Koch.S,  Danziger.K, Rose. N entre otros)

Sobre la psicología en América Latina han abundado más los trabajos de orientación descriptivo – extensiva orientados a destacar personas, fechas de acontecimientos importantes, descripción de las diferentes tendencias psicológicas en los países del continente, etc. Sin embargo, en el caso particular de nuestra psicología latinoamericana ese esfuerzo ha sido muy importante, entre otras pues nos ha permitido informarnos de un camino de construcción histórica del saber psicológico en nuestra región, sin el cual, la identidad de nuestra psicología y otros tipos de lecturas sobre ella serían imposibles. Entre los autores que más activamente han contribuido en este sentido están R.Ardila , R. Alarcón y Diaz Guerrero. R. Ardila , unido a esa labor , ha sido un infatigable organizador e inspirador de la psicología en el continente, siendo el fundador y durante muchos años director de la Revista Latinoamericana de Psicología, y autor de innumerables publicaciones sobre la historia y los caminos de  la psicología en nuestro continente.

En el presente trabajo presentaré un análisis de dos momentos que considero particularmente relevantes en la historia de la psicología latinoamericana y que, sin embargo, lejos de fortalecerse con el tiempo e inaugurar líneas consistentes de desarrollo creativo al interior de nuestra psicología, se han ido debilitando, sin conseguir la consolidación de núcleos teóricos propios y de campos específicos de investigación y de práctica.

Como N.Rose (1996) ha destacado:

“Contra la idea de crítica, yo he querido proponer la noción de una historia crítica (énfasis del autor. N.R) Tal propósito será crítico no en el sentido de pronunciar veredictos de culpabilidad, sino en el sentido de abrir un espacio para juicios críticos cuidadosos” (Pp . 105)

El sentido del presente artículo va en la dirección señalada por el autor. En ese sentido pretendo realizar una reflexión teórico-epistemológica y política, en tanto siento que esas son las mayores repercusiones que tuvieron, de la crítica al psicoanálisis y el camino emprendido desde esa perspectiva de Bleger y Pichon Riviere en Argentina, y la crítica a la psicología social y el desarrollo de una psicología social crítica , que integró autores de diferentes países de América Latina en la década de los años ochenta del siglo pasado, las que en mi opinión representaron importantes núcleos generadores de pensamiento que, sin embargo, no han encontrado un desarrollo consecuente posteriormente . No pretendo, pues no tendría competencia para ello, agotar las tendencias que en la psicología latinoamericana reunirían las condiciones para ser consideradas dentro de estos núcleos creativos y generadores de producción teórica en el continente. Solo aspiro a que el análisis histórico en esta dirección pueda ser ampliado en trabajos futuros, y seamos capaces de rescatar un patrimonio que mantiene toda su vigencia en el momento actual de la psicología.

La psicología en América Latina y algunas de sus características dominantes.

La psicología en nuestro continente tiene comienzos  diferentes en cada país, sin embargo, de forma general se podría ubicar la institucionalización de su enseñanza  entre la segunda mitad de la década del cincuenta y la primera de los años sesenta del siglo XX.  La psicología en América Latina se desarrolló a partir de los modelos hegemónicos dominantes en los países más desarrollados del mundo, con lo cual, desde sus comienzos, sus figuras más destacadas se formaron dentro de las líneas hegemónicas del saber psicológica, llevando a sus países de origen esas posiciones. Al igual que ha ocurrido en el mundo todo con el desarrollo de las grandes teorías de la psicología, la América Latina se caracterizó mucho más por el desarrollo de posiciones miméticas en relación a teorías reconocidas, que por la producción de núcleos de pensamiento original, incluso al interior de esas teorías hegemónicas.

R.Alarcón (1988), en una caracterización sobre la psicología en nuestro continente ha afirmado:

“La psicología latinoamericana es ciertamente una psicología que se funda en los hallazgos obtenidos en Europa y Angloamérica , como ejes de influencia cultural. Esto ha dado lugar a una psicología típicamente etnocentrista. Sus generalizaciones y principios se basan en el modo de reaccionar y comportarse de sujetos de culturas distintas a la cultura  latinoamericana. En suma: doctrinas, conocimientos, conceptos, instrumentos y técnicas son importados del extranjero. Todo ello contribuye a que nuestra psicología sea una psicología dependiente. De esta dependencia cultural obviamente debemos salir “(pp. 56)

En el párrafo anterior Alarcón resume una característica que ha marcado no solo a la psicología, sino a muchas de las formas de institucionalización de la sociedad y la cultura en nuestros países; la dependencia. En el caso de la psicología, como muy bien analiza el autor en otro de sus trabajos (2002), esa dependencia se asoció a una idea de ciencia esencialmente empírica, apoyada en los modelos de las ciencias naturales dominantes en el siglo XIX, así como a un rechazo de la filosofía y a una escasa originalidad, características dominantes de la psicología de orientación empírica que dominó las primeras décadas del siglo XX en los Estados Unidos  (Danzinger, 1990).

Una de los peores efectos de esa dependencia ha sido su institucionalización en la enseñanza de la psicología. Hasta hoy las universidades en América Latina se caracterizan por la presencia de grupos hegemónicos que dificultan el acceso de profesores con un pensamiento diferente y, que de hecho, obligan a los alumnos a la perpetuación de esas posiciones dominantes, pues fuera de ellas no se realizan orientaciones de postgrado, ni se enseña nada en la formación de los psicólogos. Muchas de las universidades más importantes de América Latina no enseñan nada sobre  las discusiones actuales en el campo de la psicología, no presentando siquiera los nuevos enfoques que han aparecido en los últimos treinta años en nuestra ciencia.

Las universidades de nuestro continente, aunque al parecer no solo en él, lejos de ser centros de estimulación del pensamiento y la reflexión, han representado, la mayoría de ellas, vías de perpetuación de posiciones dominantes. Esto no ha sido muy diferente a lo ocurrido en otros países, por ejemplo, en Francia, donde muchos de sus núcleos de desarrollo teórico, desde Levi-Strauss hasta Morin, pasando por Foucault, se desarrollaron fuera del ambiente universitario, y donde esos intelectuales resultaron “protegidos” y estimulados por una institución de un carácter tan diferente como el Colegio de Francia. En los Estados Unidos, país que ha promovido históricamente el desarrollo del pensamiento humano, las universidades, han gozado, sin embargo,  de una flexibilidad que les ha permitido contratar personas productivas fuera de las burocracias de la institución universitaria, como lo evidencia la contratación en masa de investigadores europeos que emigraron durante la segunda guerra mundial, como Horkheimer, Lewin, Levi- Strauss y el propio Einstein. En América Latina posiblemente habrían tenido que esperar por un concurso al que no hubieran podido acceder por falta de documentos autenticados, o por no tener el título idóneo para ser profesores de psicología, lo que hubiera impedido a investigadores como Piaget o Vygotsky entrar en facultades de psicología.

El exceso de burocracia, legitimada por grupos de poder académico esencialmente conservadores y asociados de forma dogmática a posiciones teóricas cerradas, hacen de la institución universitaria latinoamericana un espacio más orientado a la reproducción que a la producción. Sin embargo, este cuadro no es universal, ni resulta suficiente para imponerse a los esfuerzos creativos y a la originalidad de grupos y sujetos que hacen la historia en su capacidad de oposición y de emprendimiento de nuevos caminos, lo cual también se ha cumplido en América Latina.

Martín Baró, que además de ser pionero de una psicología social implicada en la realidad de nuestro continente y orientada a acciones que contribuyan a la transformación social de nuestra realidad, psicología que definió como Psicología de la Liberación, fue un profundo estudioso de la psicología en América Latina, de la que hizo un análisis crítico en lo teórico, lo epistemológico y lo histórico. Sobre este último aspecto escribió (2006):

“A la psicología latinoamericana le ha ocurrido algo parecido a lo que le ocurrió a la psicología norteamericana a comienzos de siglo: su deseo de adquirir un reconocimiento científico y un status social les ha hecho dar un serio traspiés. La psicología norteamericana volvió su mirada a las ciencias naturales a fin de adquirir un método y unos conceptos que la consagraran como científica mientras negociaba su aporte a las necesidades del poder establecido a fin de recibir un puesto y un rango sociales. La psicología latinoamericana lo que hizo fue volver su mirada al big brother, quien ya era respetado científica y socialmente , y a él le pidió prestado su bagaje conceptual, metodológico y práctico, a la espera de poder negociar con las instancias sociales en cada país un estatus social equivalente al adquirido por los norteamericanos ” (pp.8)

En artículo anterior (González Rey, 2004), dedicado a estudiar como el impacto de la crítica en la Psicología Social Latinoamericana había influido sobre diferentes campos de la psicología, ya hacía explícito el mismo interés que apoya el presente trabajo : conocer y explicar el alcance de determinados momentos de ruptura creativa al interior de la psicología en América Latina, que me permitiera explorar   más a fondo esas posiciones, así como los posibles factores relacionados con su discontinuidad en momentos posteriores del desarrollo de la psicología en el continente.

En este trabajo retomaré algunos de los temas que caracterizaron mi artículo anterior, pero me orientaré esencialmente al análisis de dos de las contribuciones teóricas y epistemológicas que considero más relevantes en la psicología latinoamericana. Deseo aclarar que el objetivo no es presentar un cuadro general de autores o enfoques que han tenido una relevancia en relación a estas cuestiones, sino definir un eje para el análisis histórico de nuestra psicología, que me permita profundizar aquellos enfoques que se separaron de la “ciencia normal”, como la definió Kuhn, en la psicología de América Latina. Este tipo de trabajo es difícil de agotar en un artículo y considero que también resulta imposible de agotarse en la visión de un investigador.

En primer lugar quiero presentar el análisis de un núcleo teórico que se desarrolló en el psicoanálisis argentino, y que fue sepultado en la historia de su propio país por la importación mimética del pensamiento lacaniano, por su institucionalización hegemónica y por las propias rivalidades y celos que despierta la disposición al desarrollo de un pensamiento propio, sobre todos en los países dependientes. Me refiero a los trabajos de José Bleger y Enrique Pichón Riviere. A ambos los he citado en varios trabajos anteriores, pero en ningún caso  he profundizado en la relevancia de sus posiciones como núcleo del desarrollo teórico del propio psicoanálisis.

Ambos autores tuvieron una formación en psicoanálisis, pero también en Marxismo, cosa que resultaba muy original en un período donde ya el Marxismo, desde la interpretación de los núcleos de poder asociados a su institucionalización política, había execrado al psicoanálisis como saber burgués. Por otra parte el psicoanálisis también se había instituido más como dogma que como  sistema de pensamiento en desarrollo. El intento de esos autores de pensar de forma reflexiva ambos sistemas y de pensar alternativas diferentes para su desarrollo, aprovechando lo que el marxismo podría traer a la contribución de Freud, dejó a ambos  entre dos fuegos, lo que tuvo un costo en términos de sus vidas, tanto en lo profesional, como en lo político y lo personal.

Las ideas de Pichon y sus propuestas novedosas sobre prácticas grupales fueron muy importantes, y creo que tuvieron una importancia para el desarrollo del pensamiento de Bleger, sin embargo, Bleger tuvo un nivel de producción teórica mayor y se centró en un profundo análisis teórico-epistemológico de la matriz psicoanalítica, como resultado del cual dejó explícita una propuesta de desarrollo no retomada después de su muerte. Bleger  comparte con Pichon  la preocupación con el desarrollo de la vida psíquica como resultado de las experiencias sociales diferentes y convergentes que caracterizan el desarrollo de la persona, tema sobre el cual Pichon escribió (1987):

“La psicología social que postulamos tiene como objeto el estudio y transformación de una realidad dialéctica entre formación y estructura social y la fantasía inconsciente del sujeto, asentada sobre sus relaciones de necesidad. Dicho de otra manera , la relación entre estructura social y configuración del mundo interno del sujeto, relación que es abordada a través de la noción de vínculo.. El sujeto no es solo un sujeto relacionado, es un sujeto producido.” (pp.107)

Esa preocupación con la configuración del mundo interno del sujeto como resultado de su vida social fue también central en la obra de Bleger y representa un aspecto importante para la psicología hasta nuestros días. En el psicoanálisis esa preocupación ha tomado diferentes formas de expresión en autores como Castoriadis, Elliot y Guattari y, en la psicología histórico-cultural, de fuerte influencia marxista, continúa en debate hasta hoy a través de la tensión entre la representación del carácter activo y generador de la psique y su carácter reflejo (González Rey, 2007, 2008).

Bleger avanza en profundidad en una propuesta teórica que rescató la relevancia de lo social para la representación de la génesis del inconsciente propuesta por  Freud a partir de la idea de drama, la que defiende por la forma en que Freud comprendió la etiología de los trastornos neuróticos en el primer momento de su obra. Retomando la idea de drama de la propuesta de Politzer sobre una psicología concreta, Bleger critica la metafísica asociada al planteamiento dinámico de Freud.

Otra dimensión del pensamiento de Bleger que no tiene antecedentes en la psicología es su crítica epistemológica al psicoanálisis, en una época en que la epistemología había sido totalmente excluida de la producción de la psicología, lo que se evidencia en la ausencia de textos originales de sus propios clásicos orientados a ese tema. Bleger magistralmente hace un análisis de Freud situado en su tiempo, discriminando sus categorías y principios concretos, desarrollados a partir de los recursos de una época, del valor heurístico de sus representaciones más generales. En ese esfuerzo epistemológico Bleger, en la década de los años cincuenta, ya transitaba por autores que en los textos de psicología raramente aparecen, como Bachelard, Foucault, Heisenberg, Max Planck y Ribot, este último inspirador de muchas de las reflexiones de Vygotsky. También aparecen citados importantes filósofos y psicólogos soviéticos que, hasta hoy han permanecido casi desconocidos para la mayor parte de la psicología en América Latina, como  Leontiev, Rubinstein, Kornilov y Kedrov entre otros.

Lo anterior se vio facilitado por algo que llamó poderosamente mi atención durante mi lectura de los textos de este autor; el nivel de publicaciones en filosofía, epistemología y ciencias que tenía la Argentina en las décadas de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, hecho que no se puede divorciar de la extraordinaria cultura y capacidad teórica del autor que analizamos.

La propuesta de drama de Politzer como base de una lectura diferente de la obra de Freud.

Es curioso que el drama, categoría destacada para el análisis de la obra de Vygorsky por autores como Van deer Veer , del Rio. P y Alvarez .A, estos últimos a partir de una lectura novedosa de Psicología del Arte, haya sido desarrollada por Bleger a partir de la propuesta de Politzer en su crítica al psicoanálisis. Cierto que el énfasis en la definición de drama es diferente, en tanto para Vygotsky y los autores citados antes, el drama coloca en un lugar central el espacio del otro y de la expresión existencial de una vida, tanto Politzer como Bleger lo definen a partir de la relación de toda conducta con los hechos vividos, en el contexto de lo vivido en toda su diversidad.

Para Bleger la dramática constituye el mayor aporte de Freud, a pesar de aquel nunca haberla usado de forma específica entre sus categorías, sin embargo Bleger la abstrae de algunos de los estudios de caso iniciales de Freud, como “Un caso de curación hipnótica” (1892), donde lo que más llama su atención fue la forma en que Freud toma la conducta en su totalidad y descubre el carácter contradictorio de la misma (Bleger, 1988)

La dramática implica el reconocimiento de que la configuración psíquica es el resultado de todos los eventos vividos por la persona, solo que esa posición se niega por el propio Freud al atribuir a la dinámica la fuente universal del comportamiento humano. Desarrollando esta interpretación en los términos del psicoanálisis, Bleger escribe (1988):

“En otros términos, para explicar la diferencia entre dramática y su transposición dinámica, se puede decir que en la primera los impulsos derivan de las relaciones objetales, mientras que Freud desarrollo en las teorías dinámicas que las relaciones objetales derivan del juego de los impulsos “(pp.94)

Bleger intenta contraponer el Freud metafísico de la teoría dinámica, que se apoya en una noción de aparato psíquico como juego de fuerzas, al Freud del drama, aquel que destaca la forma de organización psíquica de la multiplicidad de conductas y relaciones de la persona. Esta contraposición, desde mi punto de vista, representó mucho más la construcción de una alternativa teórica del autor, partiendo de su lectura de Freud,  que una tensión real de la obra de Freud.

En su análisis Bleger se aproxima mucho a los principios que desarrollo en mis trabajos sobre la subjetividad en una perspectiva histórico-cultural. En ese sentido Bleger afirma:

“Otro hecho importante en la historia del psicoanálisis es la inclusión del estudio de las fantasías del paciente: (tema desarrollado por Vygotsky en Psicología del Arte) con ello se circunscribió mejor, se delimitó el campo psicológico, porque en vez de considerar el acontecer en la vida del paciente “objetivamente”, “desde fuera”, se pasó a ver los sucesos tal cual el paciente los había vivenciado. La psicología pasó a delimitarse como el estudio del acontecer subjetivo de las experiencias (mundo interior) “(pp.110-111)

En realidad lo que Bleger está defendiendo en Freud es una alternativa desarrollada por él a partir del concepto de drama y que tiene una profunda inspiración marxista. Posiblemente es esa inspiración lo que aproxima a Bleger de Vygotsky, no solo en la idea de drama, como en la idea del carácter social de la experiencia psíquica. Al afirmar ese proceso Bleger defiende un tema que Vygotsky nunca desarrollo; el carácter subjetivo de las experiencias vividas. La psique no es un reflejo, es una verdadera producción sobre las experiencias vividas a través de los recursos subjetivos del sujeto , y de los espacios sociales dentro de los cuales esa experiencia ocurre, pues en realidad, toda experiencia tiene lugar en un espacio social que expresa también una organización subjetiva (González Rey, 1991 )

La idea de drama fue muy provechosa para la reinserción del hombre en el tejido de experiencias vividas. Partiendo de esa representación Bleger escribió: “… a esto es lo que llamamos dramática, que es, en última instancia, la descripción, comprensión y explicación de la conducta en función de la vida del paciente, en función de toda su conducta” ( pp. 90)

Rescatando la idea de drama Bleger desarrolla el valor heurístico de la conducta para el estudio de la subjetividad humana, mientras que para Freud, apoyado en su representación de la dinámica, la conducta pasó a ser un resultado, un efecto. En relación al “giro metafísico” freudiano, Bleger escribe (1988):

“La teoría a la que acudió Freud para generalizar y abstraer los hechos de la dramática, constituye la teoría dinámica, es decir, la reducción de la conducta a vectores de fuerza en permanente interjuego ; pero los vectores de fuerza sufrieron en manos de Freud la misma metamorfosis que en otros campos científicos : de vectores, reemplazando descriptivamente y en forma resumida una compleja interacción de distintos hechos, se pasó a considerarlos elementos o factores causales que de por si eran suficientes y última explicación de la conducta humana ” ( pp. 91)

Al traer la idea de fuerza como categoría central del aparato psíquico, Freud desarrolla una metafísica orientada a la causalidad intrapsíquica del comportamiento lo que le aparta del valor de la experiencia y, con ello, le lleva a universalizar una visión determinista intrapsíquica como explicación del comportamiento.

Haciendo un brillante análisis de cómo ese proceso se gesta en el pensamiento de Freud, Bleger estudia las implicaciones epistemológicas asociadas al sentido de las categorías para la construcción del conocimiento. Las categorías de  forma general han sido usadas como saberes dados, naturalizados, lo que en psicología ha llevado con frecuencia a identificarlas  como realidades y no como momentos de significación que, en el juego con la reflexión, llevan a la formación de los significados. Por la fuerte exclusión del pensamiento teórico en la construcción del conocimiento psicológico, las categorías han sido usadas como entidades causales; de herramientas para construir significados, ellas han sido usadas como significados en sí mismas.

Sobre el uso de las categorías por Freud, Bleger  escribe (1988):

“Lo que ocurre es que como falta el pensamiento dialéctico sistematizado, al captar Freud el decurso dialéctico de la vida del hombre, trata- con un esfuerzo enorme- de reflejar el movimiento dialéctico utilizando para ello el mecanismo formalista. Una de las consecuencias de ello es el procedimiento viciado que consiste en  “cosificar” o “substancializar” el fenómeno: la muerte y la vida se convierten en entidades concretas de por sí: el instinto de vida y el instinto de muerte.” (pp. 62)

La crítica de Bleger al psicoanálisis parte de sus consideraciones del aporte freudiano, el que usa como fuente de inspiración y como espacio de inteligibilidad para producir un pensamiento que va más allá de Freud, pensamiento que fundamenta no solo como una alternativa teórica, sino como alternativa epistemológica : Bleger estudia en profundidad los procesos de construcción del conocimiento en el psicoanálisis, recorriendo de forma crítica y altamente sugerente sus diferentes posiciones epistemológicas.  Fueron precisamente las limitaciones epistemológicas de Freud las que no le permitieron el desarrollo de la dramática que Bleger atribuye a sus posiciones iniciales.

Describiendo más en profundidad los recursos epistemológicos sobre los cuales Freud construyó sus ideas, Bleger expresó (1988):

“Cuando Freud realiza la sistematización teórica, no conociendo la dialéctica de forma explícita, tuvo que realizar un esfuerzo muy grande, no apreciado aún en la valoración de su obra: exponer el complejo decurso dialéctico de la dramática utilizando instrumentos inadecuados: la lógica formal, el mecanicismo y la metafísica” (pp 126)

Las construcciones de Freud permitieron el desarrollo de nuevas zonas de sentido (1) para la psicología, y su teoría se ha mantenido viva en las nuevas producciones teóricas que, directa o indirectamente se han beneficiado de ella. El trabajo de Bleger, partiendo y reconociendo el legado de Freud, representó el único intento de desarrollo del psicoanálisis en América Latina, orientado a abrir un tema que  Freud no desarrolló. Pero como nos comenta Martín Baró refiriéndose a Pichon Riviere (2006):“…los trabajos de Pichon Riviere es triste afirmar que todavía son insuficientemente conocidos fuera de Argentina” (pp.7). Tanto uno como otro autor continúan hoy inexplorados en las posibilidades de su obra.

Ser original siempre ha sido un problema en la historia de la ciencia, lo que se ha manifestado en todas las ciencias, en todos los países del mundo y en todos los periodos históricos. Sin embargo, en América Latina, y creo que en toda la ciencia  no perteneciente a  los países que centran el poder institucional en el desarrollo científico, la originalidad tiene un costo todavía mayor, pues en los países rectores del desarrollo de la ciencia, muchas de sus figuras trascendentes fueron discípulos de otros que ya lo habían sido y que, con su prestigio y poder representaron el primer momento de apertura y reconocimiento de sus discípulos. Sin embargo, en América Latina, además de que eso no ocurre, las personas al parecer se sienten inferiorizados al citar a su colega, o a un grupo productivo local, prefiriendo siempre citar al autor foráneo, tendencia que en ocasiones identifico con la búsqueda de aceptación y seguridad que rige la adscripción a  posiciones ortodoxas. Es como si muchos colegas de nuestro continente todavía no se atrevieran a pensar.

El desarrollo de una crítica a la psicología social y de una psicología social crítica en América Latina.

A este núcleo creativo y generador de la psicología en América Latina ya le dedique un trabajo anterior, como dije antes, que fue el resultado del  simposio “50 años de Psicología Interamericana : Evaluación y Perspectivas” que fue organizado por Reynaldo Alarcón en el 29 Congreso Interamericano de Psicología celebrado en Lima, Perú en el 2004. En ese trabajo, lo que no es casual, también me había referido a Pichon Riviere y Bleger en sus contribuciones para el desarrollo de una psicología social crítica en el continente.

Ese movimiento de crítica a la psicología social y de desarrollo de una alternativa latinoamericana, que se fue identificando con la propuesta de una Psicología de la Liberación, término inicialmente usado por Ignació Martín Baró, quien hizo de esa idea el hilo conductor de todo su trabajo, integró a psicólogos de países diversos y con posiciones teóricas y metodológicas también diferentes, sin mebargo, los que nos unía a todos era el interés por una psicología que respondiera a las situaciones que se vivían en América Latina en aquel momento, y que sirviera como herramienta de crítica y transformación en nuestros países. Ese movimiento crítico de la psicología social en el continente fue el resultado de una interesante convergencia de factores. Entre los psicólogos que participaron de aquel núcleo generador estuvieron : I. Martín Baró ( Salvador);  M.Montero , J.M.Salazar y M.A.Banchs( Venezuela); B.Jiménez ( México) ; S.Lane y W.Codo ( Brasil); M.Fuentes Avila y F. González Rey ( Cuba) , I.Dobles ( Costa Rica); T.Sloan  (Estados Unidos), entre otros. Este grupo de psicólogos formó parte de diferentes foros de discusión y participó de un conjunto de publicaciones que marcaron este campo de reflexión crítica que, sin dudas, tuvo una expresión institucional y un impacto académico que perduran hasta hoy.

Ese grupo realmente se va desarrollando de forma progresiva en diferentes encuentros , congresos y cursos, entre los que podemos mencionar los Encuentros de psicología Cuba –México, donde los psicólogos cubanos entramos en contacto con psicólogos mexicanos que habían desarrollado posiciones críticas en diferentes áreas de la psicología, como Germán Gómez , Jorge Molina, Bernardo Jiménez y Gilberto Limón, entre otros ;  fue allí donde conocí a Bernardo Jiménez, que fue muy activo en ese movimiento crítico de la psicología social latinoamericana. S.Lane (1986), refiere que en el  Congreso Interamericano de Psicología de 1976, en Miami, la crisis de la psicología social ya había sido denunciada en discusiones donde ella participó de una forma activa, sin embargo, aquellas discusiones no implicaron acciones posteriores orientadas a la superación de la situación denunciada. Según la misma Lane, el Congreso Interamericano de Lima de 1978, tuvo mayor repercusión, y después de su celebración se organizaron en Brasil una serie de seminarios y conferencias que llevaron a la creación de la Asociación Brasilera de Psicología Social (ABRAPSO), en cuya fundación Silvia Lane tuvo un papel fundamental.

En el Congreso Interamericano de Quito en 1983, siendo José Miguel Salazar vicepresidente de la SIP, fue un momento de encuentro y discusión, donde de forma personal profundicé muchos los lazos con José Miguel con Alba Nidia Rivera, y otros psicólogos muy orientados a la crítica de la psicología dominante en el continente. Sin embargo, todo este movimiento toma  una fuerza particular en el Congreso Interamericano de Psicología de Caracas  en 1985, donde tuvimos talleres pre congresso Ignacio Martín Baró,  Paulo Freyre,  Silvia Lane y yo , talleres que fueron propuestos tanto por el Comité Organizador local, donde tenían particular fuerza José Miguel Salazar, quien ya estaba en la Junta de la SIP, pero que mantenía una posición muy activa en el Comité Nacional de Vnezuela , Maritza Montero,  Alfonso y María Rosa Orantes, entre otros. En aquel congreso conocí tanto a Martín Baró, como a Silvia Lane, y fue un momento de reuniones, propuestas y planes futuros, que llevaron a la organización de varios libros de fuerte impacto académico en muchos de nuestros países en aquel momento. (2)

En 1987, y como resultado de esa “giro hacia latinoamericana” de la dirección de la Sociedad Interamericana de Psicología, se organizó el XXI Congreso Interamericano de Psicología en la Habana, siendo Cuba sede por primera vez de estos congresos. En esa decisión fueron esenciales las posiciones de José Miguel Salazar, Guillermo Bernal, Ana Isabel Alvarez , Gerardo Marín , Martin Fishbein y Lourdes García Averasturi entre otros.

A partir de 1985 comenzó un intercambio creciente a través de publicaciones conjuntas, encuentros, seminarios y cursos, donde la Universidad Central de Venezuela, a través de José Miguel Salazar, Maritza Montero y José María Cadenas, tuvo un importante papel. El valor del petróleo y el valor del Bolivar , todavía daban ventajas a la Universidad Central de Venezuela sobre el resto de las universidades públicas del continente, y el carácter activo de los psicólogos mencionados hizo de esa universidad el centro de múltiples encuentros e intercambios que reforzaron el desarrollo de ese grupo.

Entre otros factores que influyeron en el desarrollo de ese movimiento en  aquella época, además de los aspectos mencionados antes al interior de la psicología, estaba el panorama de luchas políticas que convulsionaron al continente desde los años sesenta hasta los ochenta del siglo XX. El derrocamiento del dictador Pérez Jiménez a finales de los años cincuenta del siglo pasado, el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, el posterior desarrollo de los movimientos guerrilleros en varios países de América Latina, la caída de Somoza como resultado del movimiento guerrillero en Nicaragua, la llegada al poder de Allende en Chile por vía de las urnas y su posterior derrocamiento y muerte por un golpe de estado, fueron algunos de los eventos de impacto social y político que estremecían la región en la época.

El grupo implicado en esa propuesta crítica tenía militancia política, implicación con los problemas de sus países y del continente en general, y los efectos de esos procesos políticos fueron generando nuevos grupos que también se integraron a ese movimiento crítico, como las psicólogas chilenas E.Lira y J.Kovalski quienes lideraron, junto a un grupo de psicólogos de aquel país, interesantes trabajos con las víctimas de la tortura en Chile.  Otra área que se integró a ese cuerpo crítico que comenzaba a desarrollarse en la psicología social, fue la psicología comunitaria, con una fuerte participación de psicólogos de todo el continente, en cuya organización se destacaron I.Serrano de Puerto Rico, así como M. Montero, E.Sánchez y E. Wiesenfield de Venezuela. Ha sido esta una de las áreas que ha mantenido su desarrollo después de la desintegración de este fecundo movimiento que analizamos.

Ese movimiento de la psicología social crítica consiguió una seria de importantes conquistas, entre las que me gustaría destacar las siguientes:

El desarrollo de una psicología social orientada por la investigación y discusión de los problemas de la región, lo cual, a su vez, entraba en contradicción con la multiplicidad de modelos teóricos y metodológicos desde los cuales desarrollábamos nuestros trabajos en la época. El vínculo con la práctica y la apertura a la discusión caracterizaron el desarrollo del grupo

El desarrollo de una capacidad de crítica a las posiciones hegemónicas de la psicología, y la definición de nuevos caminos de construcción teórica, epistemológica y metodológica. El profundo compromiso de nuestro grupo no representó un practicismo animado por un discurso político grandilocuente y estéril, sino un compromiso político que se alimentaba por la seriedad de desarrollar nuevos recursos para una psicología que se planteaba una acción práctica transformadora. Entre esos recursos estuvo también una proyección interdisciplinar, que se evidencia en la cantidad de filósofos, educadores y sociólogos que comienzan a aparecer en los textos producidos por el grupo en la época.

La introducción de los textos elaborados en una parte importante de universidades del continente, en las cuales el referente se mantiene vivo como opción para el desarrollo de una psicología social diferente y creativa.

Por último, una virtud particular de aquel movimiento fue la búsqueda de nuevos referenciales, de nuevas construcciones teóricas y epistemológicas sin ceder al facilismo de adecuarnos a  las tendencias hegemónicas de la psicología, sin caer tampoco en la miopía de una psicología sectaria latinoamericana.

Sin embargo, a pesar de los logros anteriores, el eclecticismo que caracterizó el desarrollo de ese movimiento , fue un fardo que no se pudo superar, pues a pesar del crecimiento recíproco que todos tuvimos como resultado de nuestras contradicciones y del esfuerzo realizado, esfuerzo que Martín Baro siempre reclamó para el desarrollo de nuevos referentes que cubrieran todos los aspectos de esa nueva psicología en desarrollo, no se pudo avanzar con la misma fuerza en una propuesta teórico- epistemológica y metodológica, capaz de generar un núcleo en desarrollo que pudiera crecer y perpetuarse.

Esa conciencia crítica de Martín Baró se expresa claramente a lo largo de toda su obra. En una de sus reflexiones sobre esta cuestión afirma (2006):

“El problema no radica tanto en las virtudes o defectos que pueden tener el conductismo o las teorías cognoscitivas cuanto en el mimetismo que nos lleva a aceptar los sucesivos modelos vigentes en los Estados Unidos, como si el aprendiz se volviera médico al colgarse del cuello el estetoscopio o como si el niño se hiciera adulto por el hecho de ponerse las ropas de papá. La aceptación acrítica de las teorías y modelos es precisamente la negación de los fundamentos de la misma ciencia. Y la importación histórica de esquemas conduce a la ideologización de los planteamientos cuyo sentido y validez, remiten a unas circunstancias sociales y a unos cuestionamientos concretos“(pp. 9)

Este agudo párrafo de Martín Baró es, de hecho, un reclamo a la necesidad de la creación científica. La ciencia no significa solo investigar usando las categorías de  otros, sino la creación de nuevos núcleos teóricos como consecuencia del tipo de cuestiones estudiadas , de las exigencias metodológicas que desarrollamos ante ellas y de las ideas que necesariamente irán apareciendo en ese proceso, las cuales llega un momento que no caben en el marco teórico que inicialmente usamos. Precisamente ha sido la aceptación acrítica de modelos externos una de las cuestiones que estuvo en la base de la desintegración de ese grupo de la psicología social crítica, que nunca llegó a organizarse de forma bien estructurada alrededor del concepto de Psicología de la Liberación.

M.Burton , uno de los psicólogos anglosajones más interesados por el desarrollo de la psicología en América Latina afirma (2004) :

“Los psicólogos con una orientación derivada de la Psicología Social de la Liberación combinan las técnicas tradicionales (las encuestas, el uso de métodos estadísticos, entre otros) con enfoques del nuevo paradigma (p.e., las representaciones sociales, investigación cualitativa, la fotografía cooperativa y el drama) o diversas concepciones relacionadas. No obstante hay un énfasis en el compromiso freiriano con el método de reflexión –acción – reflexión y la investigación acción participativa. Esto implica otro contraste con una buena parte de la psicología crítica europea “(pp.110)

La observación de Burton revela bien una característica de la psicología social crítica, agrupada alrededor de la definición de Psicología de la Liberación pero que después de la muerte de Martín Baró,  no consiguió avanzar más en el camino original, integrador, complejo y fecundo que el término estaba tomando en sus trabajos. La diversidad de los enfoques y prácticas de psicólogos autotitulados como representantes de la Psicología de la Liberación en momentos posteriores al trabajo de aquel grupo inicial, muchos de ellos sin ninguna participación en el momento en que ese grupo realizó se organizó y realizó sus principales contribuciones, ha llevado a que la Psicología de la Liberación represente hoy más un espacio de identidad de psicólogos que siguen interesados en el cambio y el compromiso social, como J.M.Flores, I.Dobles, M.Montero, B.Jiménez, E.Cajas entre muchos otros, y de otros que han usado el término para promoción personal y búsqueda de una identidad de izquierda para la cual no tuvieron ningún otro mérito. El oportunismo, el modismo, y la seducción por lo diferente, también han estado en la base de muchas aproximaciones a esa identidad.

Sin embargo, lo que realmente queda de la Psicología de la Liberación es una indiscutible herencia teórica y epistemológica que no ha sido explorada en profundidad, el modelo de una psicología comprometida con los problemas y desafíos reales de los pueblos de la región que, en su multiplicidad cultural , su especificidad social y las múltiples secuencias que los conflictos armados y la represión dejaron en el continente, evidencian problemas concretos que exigen nuevos marcos teórico-epistemológicos capaces de sustentar nuevas prácticas que tensen de forma diversa esos referentes de partida. Uno de los legados importantes de Martín Baró que marca los tópicos de muchas de sus obras, fue la necesidad de no olvidar ninguno de esos momentos importantes en la creación de las bases de una psicología orientada a la liberación.

¿Que elementos contribuyeron en la desintegración de ese importante movimiento? Considero hoy que la muerte de Martín Baró tuvo un fuerte impacto, pues sin dudas él expresaba el liderazgo teórico y el alma realizadora principal de aquel esfuerzo orientado a una psicología de la liberación. Creo que el eclecticismo que he referido antes fue llevando a la creación de múltiples aproximaciones a cuestiones concretas que se fueron convirtiendo en fines particulares de grupos específicos de trabajo, y que influyeron en el debilitamiento del trabajo colectivo orientado a cuestiones fundamentales que pudieran sustentar el desarrollo ulterior de esta línea de trabajo.

También tuvo un papel en ese proceso desintegrador el impacto seductor del construccionismo social que, monopolizando la novedad y la crítica,  se las arreglo para desestimar como obsoleto todo lo anterior, como resultado de lo cual el propio pensamiento de Martín Baró sufrió, pues de hecho se le citaba más de lo que se le usaba. Ante el precario eclecticismo que dominaba y la necesidad de una base teórica que estaba en desarrollo, la fuerza y capacidad de sugestión del construccionismo social llevaron a una adhesión que “olvido” los desafíos de una Psicología de la Liberación, y vio en el construccionismo la herramienta que faltaba, lo que creo que hoy, ya es pensado de otra manera por los propios autores que se orientaron en su momento por esa opción.

Finalmente, no podemos de perder de vista el deterioro económico, social y político que fue dominando el panorama de los países del continente , donde el dogma, la corrupción, así como la dilución y perversión de muchas de las fuerzas revolucionarias que emergieron en los años sesenta y setenta del siglo pasado, pasaron a caracterizar una realidad donde las contradicciones entre la izquierda y la derecha representaron, en muchos casos, aparecían más como acciones de cara al poder político, que como alternativas reales de programas diferentes orientados a la realidad social de nuestros países. No obstante, la situación actual en el continente presenta también novedades interesantes, como la integración de los países del Caribe, el Mercosur, el desarrollo de gobiernos de izquierda que, a pesar de los problemas señalados han representado avances en sus países, como Lula, Bachelet, y Evo Morales, el peso creciente de Brasil en el escenario internacional, y otros que podrían tener una relevancia para nuevos proyectos de la psicología a nivel continental.

Sin embargo, hoy tenemos una psicología fuertemente institucionalizada, cuya expresión fundamental son universidades cerradas en sus propios espacios. Las instituciones públicas del continente se empobrecen, lo que dificulta el desarrollo de proyectos de cooperación entre nuestros países, y los núcleos académicos – burocráticos de poder se sienten mejor con los intercambios con países desarrollados que participando en proyectos de escala continental. Hoy en los países donde la organización científica ha alcanzado un nivel mayor en América Latina, publicar en una revista local de Guatemala, Ecuador o Cartagena, no da puntos para mantenerse en las categorías  de excelencia científica.

Se pudieran hacer otros análisis de núcleos generadores en la psicología latinoamericana con capacidad de creación y producción propia en diferentes líneas de trabajo y en diferentes tendencias teóricas, sin embargo, esa no es una tarea fácil, como  expresé al comienzo de este trabajo. Las contribuciones al conductismo de Emilio Ribes, de autores como Héctor Fernández y Juan Balbi al constructivismo en la psicoterapia, los trabajos de M. J Spink en el campo de la salud y de B.Sawaia en psicología social, los trabajos en psicología comunitaria de M.Montero, I.Serrano y E.Wiesenfield, área donde hay creaciones importantes en casi todos los países de América Latina, representan otro importante núcleo generador de la psicología en América Latina, los trabajos de Sluzki y S.Bleichmar sobre las catástrofes sociales y el psicoanálisis, los trabajos sobre la subjetividad en una perspectiva histórico cultural que hemos venido realizando en los últimos veinte años en cooperación con A.Mitjans, así como las contribuciones en la perspectiva histórico-cultural realizada por otros psicólogos cubanos ( Fariñas.G, Lavarrere. A, Calviño.M, López.J, entre otros, los trabajos de I.Dobles sobre psicología política, y muchos otros imposibles de describir aquí, creo que representan  candidatos fuertes a ser analizados.

Sin embargo, no basta la originalidad, la viabilidad de las propuestas, las publicaciones ni el número de citas que las avalen, todos ellos elementos importantes para juzgar la relevancia de una dirección de trabajo, pero es necesario analizar los mecanismos institucionales y las características de una subjetividad social que, más que reconocer lo propio y estimularlo, llevan a la sobrevaloración de lo externo, lo que representa un rasgo dominante de una psicología dependiente y colonizada.

Se hace necesario revisar los mecanismos institucionalizados de promoción y desarrollo de la ciencia en el continente. Es preciso estimular los intercambios universitarios y entre centro de investigación en América Latina y luchar por presupuestos para proyectos en la región.

Algunas reflexiones finales:

He tenido como objetivo en el presente trabajo continuar una visión de historia que nos permita aprovechar de forma crítica contribuciones desarrolladas en América Latina que mantienen vigencia, que representaron aportes originales a sus campos del saber, y que considero tienen todavía hoy un potencial de desarrollo que debería ser continuado

En América Latina se da hoy una contradicción entre los procesos de desarrollo de la institucionalidad científica y la necesidad de  mayor intercambio entre los países del continente, que nos permita la integración de grupos interdisciplinarios orientados al desarrollo de temas cruciales para América Latina hoy. La mayoría de los proyectos que integran universidades latinoamericanas responden más a intereses de organizaciones internacionales de los países desarrollados y a universidades de esos países que, a pesar de las buenas intenciones de muchos de sus protagonistas, los proyectos responden a los intereses de quienes los financian y desarrollan.

La proyección científica y política de la psicología latinoamericana no se alcanzará con una proyección local estrecha, sino como resultado de la inserción y confrontación de nuestros psicólogos en los escenarios más avanzados de la producción psicológica mundial, que nos permita nuevos espacios y proyectos orientados hacia nuestras realidades. Los grupos generadores de teoría no se improvisan, se forman en la discusión, la investigación, la publicación y el intercambio.

Fernando Luis González Rey, Centro Universitario de Brasilia | Psicología para América Latina