¿Existe un genio en cada uno de nosotros?

Quienes piensan que los genios nacen y no se hacen podrían estar equivocados, según lo afirma el escritor David Shenk

¿De dónde provienen las habilidades atléticas y artísticas? Con frases como «músico dotado», «atleta natural» e «inteligencia innata», desde hace tiempo hemos asumido que el talento es un atributo genético que algunos de nosotros tenemos y otros no.

Pero nuevos estudios científicos sugieren que la fuente de las habilidades es mucho más interesante y hasta improvisada. Resulta ser que todo lo que somos proviene de un proceso evolutivo de desarrollo y ello incluye lo que obtenemos de nuestros genes.

Un siglo atrás, los genetistas consideraban a los genes como actores autómatas que repetían eternamente las mismas líneas exactamente de la misma manera, y la mayor parte del público está aún sujeto a esta idea. Sin embargo en años recientes, ha habido una dramática mejoría en el entendimiento de lo que es la herencia.

Ahora los científicos saben que los genes interactúan con su entorno, activándose y desactivándose continuamente. En efecto, los mismos genes tienen diferentes efectos dependiendo a quién le estén hablando.

Genes + circunstancias

«No existen los factores genéticos que puedan ser estudiados independientemente de su ambiente», dice Michael Meaney, profesor en la Universidad de McGill en Canadá.

«Y no hay factores ambientales que puedan ser estudiados independientemente de su genoma. (Un atributo) emerge solamente de la interacción del gen y del ambiente».

Ello significa que todo acerca de nosotros – nuestra personalidad, inteligencia y habilidades- es realmente determinado por la vida que llevamos. La noción misma de «innato» ya no se sostiene.

«En cada caso, cada individuo comienza su vida con la capacidad de desarrollarse de varias formas distintivamente diferentes», afirma Patrick Bateson, biólogo de la Universidad de Cambridge.

«Como si fuera una rocola: el individuo tiene el potencial de tocar un sinnúmero de diferentes melodías evolutivas. Cada melodía particular de desarrollo que es tocada es seleccionada por el entorno en el cual el individuo esta creciendo».

¿Significa esto que los genes no importan?

No es así. Somos todos diferentes y tenemos teóricamente diferentes tipos de potencial. Yo nunca habría podido ser Cristiano Ronaldo (futbolista). Sólo un pequeño Cristiano Ronaldo tenía la posibilidad de convertirse en el Cristiano Ronaldo que conocemos.

Pero debemos entender que Ronaldo podría haber sido una persona completamente diferente, reconocido por habilidades diferentes. Su magnificencia en el fútbol no estaba tallada en piedra.

Lo que dicen los cerebros de los taxistas londinenses

Los taxis londinenses navegan una de las más complejas ciudades del mundo.

En 1999, la neuróloga Eleanor Maguire escaneó los cerebros de los taxistas y los comparó con otros.

Encontró que los taxistas con experiencia tenían más desarrollado el hipocampo, aquella parte del cerebro que tiene la función de recordar las representaciones espaciales.

Y lo más llamativo es que el tamaño de sus hipocampos estaba directamente relacionado con la experiencia de cada uno.

Esto demostró que las tareas que exigían una percepción del espacio modificaban su cerebro. Este resultado era consistente con estudios en violinistas, lectores de Braile, practicantes de meditacion y víctimas de infartos que se habían recuperado.

Nuestros cerebros se adaptan de acuerdo a lo que les exigimos.

Condenados

Este nuevo paradigma de desarrollo evolutivo es difícil de asimilar, considerando cuanto esfuerzo se ha puesto en persuadirnos de que cada uno de nosotros heredó una cantidad específica de inteligencia y que la mayoría de nosotros estamos condenados a ser mediocres.

La noción de grado fijo de IQ ha estado con nosotros por ya casi un siglo. Con todo y eso, el inventor original del test de IQ, Alfred Binet, tenía una opinión contrapuesta, y la ciencia ahora se demuestra a favor de Binet.

«La inteligencia representa un set de competencias en desarrollo», afirmó Robert Stemberg de la Universidad de Tuffs en Estados Unidos, en el año 2005 luego de varias décadas de estudio.

Los investigadores del talento, Mihaly Csikszentmihalyi, Kevin Rathunde y Samuel Whalen concuerdan con esta afirmación.

«Personas con un alto récord académico no necesariamente han nacido más ‘inteligentes’ que otras», escriben en su libro Adolescentes Talentosos. «Pero trabajan más duro y desarrollan mayor autodisciplina».

James Flynn, de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, ha documentado cómo los puntajes de IQ han aumentado sostenidamente a lo largo de los siglos, lo cual, tras cuidadoso análisis, adscribe a la sofisticación cultural. En otras palabras, nos hemos vuelto más listos a medida que nuestra cultura nos ha refinado intelectualmente.

Más que eso, Carol Dweck, de la Universidad de Stanford en Estados Unidos, ha demostrado que los estudiantes que entienden que la inteligencia es maleable y no está prefijada, son mucho más ambiciosos intelectualmente y exitosos.

La misma dinámica se aplica al talento. Esto explica por qué los número uno -nadadores, ciclistas, jugadores de ajedrez, violinistas y demás- son mucho más habilidosos de lo que fueron en generaciones anteriores.

Todas estas habilidades son dependientes en un lento proceso incremental en el cual varias microculturas han descubierto como perfeccionarse. Hasta hace poco, la naturaleza de este perfeccionamiento era meramente intuitiva pero invisible a los científicos y otros observadores.

Flexible y maleable

Pero en los últimos años, ha emergido un nuevo campo de «estudios de la pericia», liderados por el psicólogo Anders Ericsson de la Universidad Estatal de Florida, y está documentando ingeniosamente los recursos y métodos de tales pequeños progresos incrementales.

De a poco, están logrando entender mejor cómo las diferentes actitudes, estilos de enseñanza y tipos precisos de prácticas y ejercicios hacen avanzar a las personas hacia diferentes caminos.

¿Tiene un niño el potencial de desarrollarse en un atleta de clase mundial, un músico virtuoso, o un brillante científico ganador del premio Nobel?

Sería insensato sugerir que cualquiera puede literalmente hacer o transformarse en cualquier tipo de cosa. Pero la nueva ciencia nos muestra que es igualmente imprudente pensar que la mediocridad está cimentada en la mayoría de nosotros, o que cualquiera de nosotros puede conocer sus verdaderos límites antes de haber aplicado numerosos recursos e invertido una vasta cantidad de tiempo.

Nuestras habilidades no están genéticamente predeterminadas. Son flexibles y maleables, incluso en la edad adulta. Con humildad, esperanza y con extraordinaria determinación, grandeza es algo a lo que cualquier niño -de cualquier edad- puede aspirar.

David Shenk es el autor de «El genio dentro de cada uno de nosotros»

BBC Mundo