Aprender a ser flexible
¿Por qué hay personas tan obedientes consigo mismas? ¿Por qué se autoimponen deberes y obligaciones inquebrantables? ¿Por qué no son capaces de romper con ello en según qué casos? Saber hacerlo nos hará más felices
Mi amiga Angelines empieza el día ya cansada. Nada más sonar el despertador, su cabeza repasa todas y cada una de las obligaciones del día: horarios que cumplir, tareas profesionales y domésticas, viajes de los hijos de aquí para allá, encargos que le pidieron su marido y su madre, las llamadas de rigor a algunos familiares y las felicitaciones de cumpleaños de sus amigos (no ha fallado ni una vez en 25 años)… Su vida se convierte cada día en una prueba de obstáculos a superar. Al acostarse, resopla un poco como el que por fin llega a la meta, aunque le invade la duda de si lo hizo todo bien. Quisiera ser de otra manera, pero su mente rígida no lo permite.
La psicología del cambio
A diferencia de su contemporáneo Sigmund Freud, Alfred Adler no sintió la necesidad de rechazar la religión. De hecho, su enfoque holístico cara a cara para trabajar con sus pacientes tenía sus raíces en un precepto bíblico bien conocido.
Los seres humanos tiene la capacidad única para reflexionar sobre sus propios pensamientos y acciones. Sócrates dijo “Conócete a ti mismo”, aunque él no fue el primero en expresar este pensamiento. Simplemente tuvo la buena fortuna de citar un dicho ya popular en presencia de Platón, quien lo escribió para la posteridad y así asegurando que ambos nombres estuvieran vinculados con este, para cuando las futuras generaciones preguntaran por ello.
La búsqueda por conocer el yo, por reflexionar y tratar de entender los pensamientos y el comportamiento humano, ha sido conocida como psicología por quizás 500 años, aunque el origen del término es tan cenagoso como el de la cita que se apropiaron Sócrates y Platón en Delfos. En todo caso, Wilhelm Wundt y William James frecuentemente considerados como los padres de la psicología, sencillamente reavivaron su flama a los finales del siglo XIX, con otros rápidamente agregando brasas.
Entrevista al Dr. Sigmund Freud “El valor de la vida” 1926
Esta entrevista fue concedida al periodista George Sylvester Viereck en 1926 en la casa de Sigmund Freud en los alpes suizos.
Se creía perdida pero en realidad se encontró que había sido publicada en el volumen de “Psychoanalysis and the Fut”, en New York en 1957.
- S. Freud: Setenta años me enseñaron a aceptar la vida con serena humildad.
Quien habla es el profesor Sigmund Freud, el gran explorador del alma. El escenario de nuestra conversación fue en su casa de verano en Semmering, una montaña de los alpes austríacos. Yo había visto el país del psicoanalisis por última vez en su modesta casa de la capital austríaca. Los pocos años transcurridos entre mi última visita y la actual, multiplicaron las arrugas de su frente. Intensificaron la palidez de sabio. Su rostro estaba tenso, como si sintiese dolor. Su mente estaba alerta, su espíritu firme, su cortesía impecable como siempre, pero un ligero impedimento en su habla me perturbó. Parece que un tumor maligno en el maxilar superior tuvo que ser operado. Desde entonces Freud usa una prótesis, lo cual es una constante irritación para él.




