¿El poder corrompe?
Las personas nobles pueden llegar a la cima, pero la acumulación de autoridad parece atrofiar sus estándares éticos
Cuando Mark Hurd renunció el 6 de agosto a la presidencia de Hewlett-Packard por violación de las normas éticas de la empresa, mucha gente se mostró sorprendida. Después de todo, Hurd parecía un ejecutivo inusualmente eficaz y de moral estricta.
Pero la gente no debería haberse sorprendido. Desde escándalos de prostitución hasta acusaciones de corrupción en los que se ven involucrados ejecutivos y atletas profesionales, parece que los titulares siempre hablan de los traspiés más recientes de alguien en una posición de poder. Y no se trata de simples anécdotas: varias encuestas revelan que la inmensa mayoría de los comportamientos maleducados e inapropiados viene de la gente con más autoridad.
El poder del toque físico
Los psicólogos llevan mucho tiempo estudiando la comunicación no verbal, los tonos vocales y las expresiones faciales que transmiten emoción. Un tono de voz cálido y una mirada hostil tienen el mismo significado en Tokio o Tombuctú, y se encuentran entre docenas de señales que conforman un vocabulario humano universal.
Pero algunos investigadores han empezado, en años recientes, a enfocarse en un tipo diferente y con frecuencia más sutil de comunicación sin palabras: el contacto físico. Los contactos momentáneos, dicen, trátese de una mano sobre el hombro, o un inquietante toque en el brazo, pueden comunicar una gama incluso más amplia de emociones que los gestos o expresiones, y a veces lo hacen más rápida y acertadamente que las palabras.
Sonrojarse puede ser bueno para sus relaciones sociales
Sorojarse es mucho más que una demostración de vergüenza. Es una señal crucial en interacciones sociales, que con más frecuencia sirve para atenuar traiciones y errores que para agrandarlos.
En una serie de estudios recientes, psicólogos han descubierto que las mejillas enrojecidas suavizan la forma en la que otros juzgan un comportamiento inadecuado o torpe y ayudan a fortalecer vínculos sociales en lugar de hacerlos más tensos.




