Se atribuye a Hermann Ebbinghaus haber dicho a finales del siglo XIX que la psicología como ciencia tenía un pasado muy largo y una historia muy corta.  Lo mismo puede decirse actualmente de la psicología en República Dominicana.

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El estudio sistemático de la psicología destinado a la formación de profesionales de la psicología en República Dominicana comenzó en 1967 con la fundación de los dos primeros departamentos de psicología.

Lo que podríamos llamar el pasado de la psicología en República Dominicana abarca el período comprendido entre 1896 y 1967.  Las primeras expresiones de carácter psicológico estuvieron dirigidas a lograr una caracterización psicológica del dominicano.  José Ramón López (1896), Fernando Sáinz (1845) y Enrique Patín (1950) intentaron explicar en algunos casos y describir en otros algunas características de la personalidad de lo que ellos entendían que era “el dominicano”.

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La “Psicología del dominicano”

El primer intento por describir psicológicamente al hombre dominicano está contenido en el ensayo “La Alimentación y las Razas” del periodista, cuentista y sociólogo intuitivo dominicano, José Ramón López (1866-1922), publicado por primera vez en Santiago de Cuba en 1896 (véase López, 1991).  La tesis de López se puede resumir en que la pobre salud física del dominicano, su atrofia intelectual y su incapacidad para ascender a las formas más elevadas de la vida civilizada, tienen su origen en la mala alimentación; ésta debilitó al hombre dominicano, le empobreció la fuerza cerebral y lo hizo perezoso e indolente.  Tres son los rasgos principales que, en opinión de López, la degeneración causada por la deficiente alimentación ha impreso en el carácter de los campesinos dominicanos: La imprevisión, la violencia y la doblez.  La imprevisión, porque la previsión es una sucesión de esfuerzos mentales bien dirigidos, de los cuales no es capaz un espíritu desprovisto de vigor y conocimiento.  Sólo quien tiene conocimiento de causa puede ser previsor, pues a fuerza de razonamiento, puede ir de lo conocido a lo porvenir.  Los degenerados, los escasos de entendimiento apenas pueden columbrar el presente.  En cuanto a la violencia, ésta es la consecuencia natural de un entendimiento perezoso e ignorante, para el cual razonar es trabajo recio y a veces imposible; por ello, en toda contradicción preferirá siempre aniquilar al contrario antes que desarrollar una complicada argumentación para convencerle.  Finalmente, la doblez como rasgo del carácter del campesino dominicano, responde, según López, a la inferioridad en que coloca la degeneración intelectual al que la sufre, respecto a los que gozan de un entendimiento despejado.  Según López, es un homenaje a la superioridad ajena, un temor constante de salir mal librado en todas sus relaciones.  Los tres rasgos del carácter señalado generan vicios secundarios.  Por ejemplo, la perezosa imprevisión hace al campesino jugador empedernido, la violencia le convierte pronto en homicida, y la doblez le cierra el camino a la prosperidad honrada (López, 1991, pp. 33-38).

Al enfocar la situación del hombre de la ciudad, López señala que la degeneración en las ciudades, sobre todo en lo psicológico, ha ocurrido a saltos, a diferencia de la forma gradual en que ha ocurrido en los campos.  En este sentido, agrega:

La gimnasia mental continua de la vida urbana mantiene el cerebro de manera que es lo último que sucumbe en la ruina del organismo.  El cuerpo se va extenuando de generación en generación y todavía próximo a inutilizarse derrama en él la inteligencia sus postreros fulgores como los de la lámpara al quemar las últimas gotas de aceite.  La catástrofe sobreviene de sorpresa.  Súbitamente aparecen los desórdenes nerviosos, y los hijos de hombres de buen juicio, últimos retoños de una raza debilitada, nacen neuróticos, afligidos de extrañas manías, con propensión tenaz a la locura, que se desarrolla en el tránsito difícil de la puerilidad a la adolescencia, o en cuanto violentas emociones conmueven su ánimo.  Se podrían citar ya familias enteras cuyos miembros adolecen de trastornos mentales; y otras con el sistema nervioso tan quebrantado que carecen de muchas de las condiciones necesarias para alcanzar o mantener el bienestar, perdidas ya la iniciativa y la constancia, y tupida la comprensión de manera que no les permite el entendimiento completo y el dominio de los asuntos que les interesan. (López, op. cit., p. 39).

Como vía de regeneración, López propone el retorno a una alimentación abundante, sana, nutritiva, y consumida a intervalos regulares.  Según López, “La raza es buena, tenaz y conserva todavía en embrión las excelentes condiciones que extingue durante el crecimiento la mala alimentación.  Obsérvese con cuidado a nuestros niños.  Tienen inteligencia sutilísima; son vivaces, fuertes, ágiles.  Pero a medida que van desarrollándose en un medio desfavorable por la escasez de nutrición, esas bellas cualidades se atenúan o se borran en vez de aquilatarse, y sucede muchas veces que quien fuera un lince a los ocho años, a los veinte es casi un topo.  ¡Qué espirituales, qué hermosas, qué fuertes serán las generaciones futuras si se las cría de hoy en adelante con educación griega, dotándolas de cuerpo vigoroso y bello, para que el alma tenga instrumento hábil con qué manifestarse en todas formas” (López, 1991, p. 41).

Hoy, a 113 años de la publicación original de “La Alimentación y las Razas”, no se necesita de mucho análisis para determinar la debilidad explicativa de la tesis de José Ramón López a causa de su reduccionismo y unilateralidad.  Más interesante es saber que un contemporáneo de López, Rafael J. Castillo, desmontó pieza por pieza todo el aparato argumentativo contenido en “La Alimentación y las Razas”, desde los supuestos hechos usados como elementos de prueba hasta la urdimbre lógica propiamente dicha de los argumentos de su autor, poniendo de manifiesto las debilidades tanto empíricas como inferenciales de la tesis mencionada (Véase López, op. cit., pp. 337-398).

En 1940 comienza una etapa nueva para el estudio de la psicología en República Dominicana.  Fue durante ese año cuando por primera vez se empezó a enseñar algunas asignaturas psicológicas en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Santo Domingo, entonces la única universidad del país.  El Dr. Fabio A. Mota, médico de amplia cultura filosófica, profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina, enseñaba un curso de Psicología Anormal a los estudiantes de Filosofía, mientras que el Dr. Salvador Iglesias, graduado en Filosofía en Roma y con cursos de Psicología en varias universidades norteamericanas, enseñaba los cursos de Psicología General, Aplicada y Educativa.

En 1945 se publicó la primera obra de carácter psicológico en República Dominicana.  Fernando Sáinz, un exiliado profesor y escritor español, reunió y publicó en forma de libro una serie de artículos sobre la psicología del dominicano, los cuales habían aparecido previamente en las ediciones dominicales del Diario La Nación, de Santo Domingo (Sáinz, 1945).  Sobre una base puramente anecdótica, el autor pretende describir la personalidad del dominicano, y lo hace en los siguientes términos:

El dominicano es mucho más complejo que su apariencia.  Su pensar es filosófico teorético; sostenedor de doctrinas y opiniones.  Pero si se trata de actuar es preferentemente positivista y pragmatista.  Salta de la metafísica al practicismo con soltura que le permite no posar en el largo camino intermedio, que es la ciencia.

Siente la cortesía y la amabilidad en su sangre.  Es generoso, sobre todo con los extraños, y le encanta prestar servicios, tanto por lo que puedan beneficiar a quien los reciba como por experimentar la sensación protectora.  Disculpa los agravios y desdenes y no guarda rencor largo tiempo.
Es genuinamente tradicionalista. Cultiva los usos y costumbres ancestrales haciendo una traducción original a la época actual.

Es enormemente conformista.  Acepta su suerte sin protesta.  Resiste la adversidad como un estoico, y celebra la dicha como un niño.  Ama la vida como un epicúreo.  Se cuida, se medica y se trata con sabiduría y técnica populares inigualables.  Al servicio de su salud pone toda la gea, la fauna y la flora, la experiencia, los doctores, los hechiceros y la corte celestial; pero si llega para él o sus deudos el último momento lo acata con ejemplar conformidad.

Las personalidades dominicanas de más calidad son sencillas, modestas, cordiales y amables, dentro de un marco de gran dignidad. Las ficticias son de una fatuidad y orgullo compensadores de su vacío interior. (Sáinz, 1945, pp. 181-183).

Posiblemente hay muchos dominicanos a los que la descripción anterior se ajuste de un modo más o menos exacto.  Pero posiblemente también hay muchos puertorriqueños, cubanos, haitianos, etc. para los que la misma descripción es válida.  La razón de esto es que descripciones de ese tipo se basan en rasgos o características que ocurren con mucha frecuencia en cualquier población humana.  El simple hecho de que cada persona conozca algunos casos para los que una descripción es válida, produce una ilusión de validez que insensibiliza al observador frente a evidencias falseadoras.  Mientras más universales sean las características incluidas en la descripción, mayor es la probabilidad de que ésta sea considerada válida, pues habrá un número mayor de casos en cualquier población a los que dicha descripción es aplicable; se trata del “efecto Barnum”, nombre con el que designó Meehl (1956) la fácil aceptación de que gozan las interpretaciones de la personalidad basadas en descripciones muy generales (Snyder et al., 1977).  Por otra parte, hablar de un pueblo como una realidad homogénea es incompatible con las diferencias debidas a las expectativas culturales vinculadas al sexo, la edad, la clase social y el nivel educativo, y descansa en un error de analogía, al pretender construir un discurso psicológico razonando por analogía a partir del universo geográfico, jurídico y político.  A pesar de las limitaciones señaladas, que son comunes a la mayoría de los trabajos publicados sobre el carácter nacional (Barnouw, 1967; Béjar, 1966), los ensayos del profesor Sáinz reflejan una sólida cultura filosófica y una gran familiaridad con las teorías psicológicas predominantes en Europa durante la primera mitad del siglo XX.  Es lamentable que sus trabajos no provocaran el interés de los pocos interlocutores calificados en Psicología que había entonces en el país.

Un año después, 1946, el Dr. Antonio Román Durán, psiquiatra español exiliado en República Dominicana, publicó entre enero y febrero, en el Diario La Nación, seis artículos sobre diversos temas, tales como la tartamudez desde un punto de vista psicodinámico, la conducta del jugador, los instintos, la masculinidad y la femineidad, el alcoholismo y las toxicomanías.  Ese mismo año, Rafael Fco. González publicó en la Revista Jurídica Dominicana una artículo sobre el Psicoanálisis y el Derecho Penal (González, 1946).

En 1950, el dominicano Enrique Patín, Dr. en Derecho y Filosofía, publicó un opúsculo que contenía dos ensayos (Patín, 1950).  El primero y más extenso trata de los complejos del pensamiento dominicano y el segundo sobre el alma de nuestra plebe.  El autor suscribe la tesis de la existencia del alma colectiva, y señala que así como los sujetos padecen de prejuicios o de trastornos psicopatológicos, tal sucede con las almas colectivas.  Un complejo es definido como “un conjunto de pensamientos prejuiciosos que siguen orientación determinada y están dotados de cualidades comunes entre sí” (Patín, op., cit., p. 7).  A manera de resumen sobre los complejos del pensamiento dominicano, el autor señala:

El pensamiento popular dominicano es afectado por una serie de conjuntos de prejuicios que hemos denominado completos.  Estos nos inducen a juzgar superior todo lo extranjero por el solo hecho de serlo.  A darle sentido colonial a nuestras cosas políticas, sociales o nacionales.  A sentirnos afectados por las condiciones geográficas de nuestra Patria.  A creernos amenazados por Haití o a reputar como despreciables o perjudiciales las cosas haitianas.  A considerar como superiores las personas o las cosas de una región por el solo hecho de pertenecer a ella.  A adoptar ideas y costumbres típicamente yankis, por reputarlas originales y superiores a las nuestras.  Y, por último, a identificarnos con la crisis cultural europea, provocada por las dos últimas guerras mundiales (Patín, op. cit., pp. 44-45).

Patín considera que a los dominicanos nos falta una noción clara de lo que somos como pueblo y de cuál es nuestra psicología, pues aunque sabemos lo que somos geográfica e históricamente, todavía no disponemos de una obra que nos diga desapasionadamente lo que somos, psicológicamente hablando.  A fin de superar los complejos que lo aquejan,

El pueblo dominicano necesita de una ideología sabia que le dé conciencia de su propio valor, que le quite de los ojos la bruma que empaña su visión.  La carencia que hay en nosotros de hombres de pensamiento dificulta la empresa. Por lo regular la mayor parte de nuestra juventud se inclina al Arte, muy pocos se entregan al cultivo de la Filosofía o la Ciencia.

Conocer lo que somos; saber lo que fueron nuestros antepasados; valorar certeramente sus actos; apreciar con exactitud lo que valemos, tal es lo que esperamos que nuestros hombres de estudio nos hagan aprender. (Patín, op. cit., pp. 28-29).

Finalmente, el autor termina su primer ensayo afirmando la necesidad de la higiene mental, del fortalecimiento de la mente con principios o ideas sanas que constituyan verdaderas barreras contra la intromisión de ideas perniciosas o nocivas.

En el segundo ensayo incluido en el opúsculo mencionado, Patín habla de la vida en los arrabales de Santo Domingo, de manera especial en los patios llenos de habitaciones denominados cuarterías, y de la psicología de sus habitantes, a los que genéricamente llama plebe; de ahí el título del ensayo como El Alma de Nuestra Plebe.  Según el autor,

“En nuestros arrabales, el campo y la ciudad se juntan.  Lo animal y lo humano.  Lo civilizado y lo salvaje.  Tal amalgama de cosas origina choques de instintos y razones que engendran un tipo de hombre: el plebeyo” (Patín, op. cit., p. 30).

Al considerar al plebeyo como un salvaje de arrabal que aún no ha superado el nivel de funcionamiento puramente instintivo, el autor expresa:

Sexo y estómago son los polos vitales de su vida.  En ninguna parte como en el arrabal ejerce el estómago su atroz tiranía.  El hombre vulgar sólo vive para satisfacer, principalmente, sus necesidades alimenticias y sexuales.

Después del estómago, el más poderoso tirano de nuestra plebe es el sexo.  En nadie como en ella tiene éste tanto poder.  La sexualidad se le exacerba de modo extraordinario. (Patín, op. cit., p. 32).

Entre las características que el autor atribuye a los habitantes de los arrabales sobresalen la falta de higiene, la sensualidad, la concupiscencia, el egoísmo, la catatimia, la inmoralidad, la irracionalidad, la bullanguería, la extroversión, la superstición, la obscenidad y el sadomasoquismo.

Los planteamientos del Dr. Patín sobre lo que él llama “complejos del pensamiento dominicano” atribuyen al pensamiento dominicano una serie de prejuicios vinculados a nuestras condiciones geográficas, históricas y económicas.  Pero esta tesis está expuesta a dos dificultades importantes.  La primera es inherente al concepto de “pensamiento dominicano” y su carácter más de sujeto lógico que de sujeto real; la segunda es que los mencionados prejuicios parecen ser deducidos de las condiciones geográficas, históricas y económicas de la República Dominicana más que constatados a través de observaciones sistemáticas independientes.  Por otra parte, las características atribuidas por el autor a los habitantes de los arrabales configuran un estereotipo muy difundido en los estratos sociales más elevados de la sociedad dominicana, probablemente resultante de observaciones anecdóticas interpretadas a la luz de prejuicios de clase social.  Sólo estudios comparados permitirán determinar en que medida los rasgos señalados caracterizan de manera exclusiva o predominante a los habitantes de los arrabales de Santo Domingo.

Primer Congreso Interamericano de Psicología

Del 10 al 20 de diciembre de 1953, se celebró en Santo Domingo el Primer Congreso Interamericano de Psicología, acontecimiento de importancia trascendental para la psicología americana, y sin lugar a dudas el hecho de más importancia para la Psicología en República Dominicana antes de la fundación de los primeros departamentos de Psicología.  Después de infructuosas gestiones en busca de financiamiento realizadas ante la Secretaría de Educación Pública de México y la Dirección General de la UNESCO, el Secretario General de la incipiente Sociedad Interamericana de Psicología, el Dr. Oswaldo Robles se dirigió a su amigo el filósofo dominicano Andrés Avelino García a fin de que explorara la posibilidad de que el Gobierno Dominicano auspiciara la celebración del Primer Congreso Interamericano de Psicología.  Fue así como República Dominicana, país de escasa tradición en el estudio de la Psicología, se convirtió súbitamente en el primer punto de reunión de los psicólogos del Continente Americano.  En el discurso de apertura del Congreso, el Dr. Pedro Troncoso Sánchez, Secretario de
Estado de Educación y Bellas Artes de República Dominicana, destacó la necesidad de dar unidad de dirección a la Psicología, en los siguientes términos:

Desde que el genial Estagirita escribió “De anima” y las monografías incluidas en los “Parva Naturalia”, hasta los tiempos actuales, la Psicología ha hecho enormes progresos.  Pero es necesario unificar el pensamiento psicológico, para darse su hondo y auténtico sentido humano. Existen demasiadas escuelas localistas y demasiadas tendencias individualistas de pseudooriginalidad, en las cuales las diferencias son a veces de nombre, produciendo la natural anarquía y desorientación. La ciencia psicológica ha crecido extraordinariamente, y es hora de agrupar todas sus corrientes y todas sus fecundas y provechosas investigaciones en las dos únicas formas de considerar, en mi modesta opinión, el hecho psíquico: la científica, fundada en la experiencia y la experimentación; y la filosófica, basada en la intuición metafísica y la reflexión, con el auxilio de la ciencia. (Actas, p. 10).

La preocupación por la falta de unidad del pensamiento psicológico ha sido una constante durante el primer siglo de existencia de la psicología científica, y merece destacarse el hecho de que un intelectual dominicano, ajeno al quehacer psicológico, expresara en 1953 una preocupación que ya habían expresado Bühler, Vygotsky y Krueger en diferentes ocasiones, y que seguiría siendo objeto de reflexiones y debates muchos años después (Ardila, 1983; Betancourt, 1983; Koch, 1969, 1981; Pérez Gómez, 1983; Staats, 1983).

El Primer Congreso Interamericano de Psicología abarcó una amplia gama de temas psicológicos.  En este sentido, se pasó un balance sobre el estado de la Psicología como ciencia y profesión en diversos países del área; se presentaron resultados de investigaciones; se insinuaron posibilidades de aplicación de la Psicología; y se presentaron trabajos de reflexión filosófica sobre la Psicología.  En cuanto al estado de la Psicología en diferentes países, Bachrach (1995 a) habló de las tendencias predominantes en la ciencia psicológica, Schwartz (1995) de las tendencias en la profesión psicológica, y Gilbert (1955) de los pasos del entrenamiento clínico, todo ello en los Estados Unidos de América; Blackburn (1955) presentó el estado de la Psicología en Canadá; Brachfeld (1955) presentó el estado de la Psicología en Ecuador y Venezuela; Nassar (1955) envió al Congreso un trabajo sobre las experiencias chilenas en torno a la preparación profesional del Psicólogo; y Robles (1955) describió la formación profesional del psicólogo en México y la organización de los servicios psicológicos en hospitales e instituciones educativas mexicanas.

Mota y Gil (1955) presentaron el estado de la docencia y práctica de la Psicología en República Dominicana.  En cuanto a la docencia, su exposición se limitó a presentar en rasgos generales la orientación y el contenido de los principales cursos de Psicología que se impartía en los niveles medio y superior de la educación dominicana, así como en las escuelas destinadas a la formación de maestros.  En cuanto a la práctica psicológica, la misma se limitaba entonces a lo que en el campo clínico hacían los seis psiquiatras que ejercían su especialidad en el país y a lo que en el campo psicométrico hacía el Instituto de Investigaciones Psicopedagógicas, dependiente de la Secretaría de Estado de Educación y Bellas Artes; para esa época, el principal trabajo del Instituto había consistido en la aplicación de un test de inteligencia (el test P.V. de Simon) a 5,000 escolares dominicanos, escogidos de todos los cursos de la escuela primaria e intermedia (7 a 14 años), provenientes de escuelas oficiales y privadas, del campo y de la ciudad, con el fin de establecer en forma general una escala del cociente intelectual del niño dominicano.  Además del informe general expuesto, varios profesionales dominicanos sometieron al Congreso trabajos relacionados con la aplicación de la Psicología en diferentes contextos y con problemas filosóficos y teóricos de la Psicología.  Entre los primeros, Daniel Avelino García (1955) trató sobre los fundamentos psicológicos y categoriales de la responsabilidad penal y civil; Cordero (1955) sobre la importancia del factor psicológico en la orientación profesional; Mejía Ricart (1955) sobre la aplicación de la Psicología al conocimiento y tratamiento jurídico de la delincuencia; y Pannochía Alvarez (1955 a, b) sobre las reacciones y actitudes femeninas frente al sentimiento maternal, y sobre el traumatismo psíquico de la mujer en la amputación del seno.  Entre los segundos, Andrés Avelino García (1955) trató sobre los problemas antinómicos de la categorial conciencia; Lockward (1955) sobre el problema de la matematización de lo psíquico; y Sánchez (1955) sobre las implicaciones metafísicas, antropológicas y gnoseológicas de la Psicología.

Estos tres últimos trabajos constituyeron la mejor aportación de los profesionales dominicanos al Primer Congreso Interamericano de Psicología; y no es extraño que esa aportación ocurriera en asuntos metapsicológicos, dada la ausencia de profesionales de la Psicología para esa época en República Dominicana.  El trabajo del Dr. Lockward es importante más por el problema en sí que por el tratamiento que se da al mismo.  El problema del alcance y los límites de las matemáticas aplicadas a la Psicología ha sido objeto de un prolongado debate entre los psicólogos.  El Dr. Lockward trata el problema al margen de las principales posiciones teóricas en torno a la medición psicológica, desconociendo, por razones obviamente comprensibles, importante literatura ya publicada sobre el problema (Comrey, 1950; Stevens, 1946).

El Dr. Andrés Avelino García, a quien el Dr. Oswaldo Robles, filósofo y psicólogo mexicano, presentó ante los delegados al Primer Congreso como uno de los tres pensadores originales que para esa época había dado Hispanoamérica, compartiendo el honor con José Vasconcelos de México y Francisco Romero de Argentina, disertó con la profundidad propia del verdadero filósofo sobre los problemas antinómicos de la categorial “conciencia”.  Para el Dr. Andrés Avelino García lo que distingue a los problemas filosóficos de los problemas científicos es que mientras estos últimos son problemas nómicos de inequívoca solución comprobable con datos sensibles, los primeros son problemas antinómicos susceptibles por lo menos de dos soluciones opuestas, contradictorias, de posible, igual y excluyente validez.  Según el Dr. Andrés Avelino García, la ciencia trabaja con entes considerados como realidades; la filosofía no trabaja con entes sino con categoriales de pensamientos sobre entes.  En este sentido, la conciencia no es una categorial para el psicólogo científico, sino una realidad óntica indubitable; en cambio, para el filósofo la conciencia no es una realidad óntica de evidencia absoluta, sino una categorial antinómicamente problemática, que debe ser discutida y de la cual no podemos tener una evidencia absoluta.  El Dr. Andrés Avelino García discute los problemas antinómicos de la existencia y el ser de la conciencia, algo que a su juicio no puede hacer el psicólogo científico, porque:

El científico desproblematiza todo. No le interesa ni el problema antinómico del ser ni el problema antinómico de la existencia.

No le importa lo que sea la conciencia, ni lo psíquico.  Le basta con señalar, con decir: he ahí la conciencia, he ahí lo psíquico.  Supone la existencia de la conciencia y de lo psíquico y esto le permite hacer ciencia de la conciencia o de lo psíquico aunque no esté autorizado para ello, aunque esté realizando una pseudo ciencia y no una ciencia verdadera (Avelino García, 1955, p. 545).

Los planteamientos del Dr. Andrés Avelino García se inscriben en la exigencia de lo que Husserl llamó Psicología Eidética cuya función no es sustituir a la Psicología empírica sino precederla con un esfuerzo reflexivo mediante el cual se elaboren las nociones fundamentales de las que deberá servirse la psicología empírica; esta última persigue el conocimiento de los hechos, pero la definición de las nociones que servirán para elaborar esos hechos es obra de la reflexión eidética.  Merleau-Ponty (1977) ilustra la función de la reflexión eidética de la siguiente manera:

Cuando un psicólogo habla de la conciencia, el modo de ser de la conciencia tal como lo entiende, no es radicalmente distinto del modo de ser de las cosas.  La conciencia es un objeto que hay que estudiar y el psicólogo apercibe esta conciencia entre las cosas del mundo, como un acontecimiento en el sistema del mundo.  Para llegar a una concepción que mantenga la originalidad radical de la conciencia hace falta un análisis que no sea de este tipo, que descubra en nuestra experiencia propia el sentido o la esencia de toda psique posible.  Conoceremos, de manera última, lo que es la conciencia únicamente a condición de volver a unir en nosotros el sentido interior y alcanzar así la intuición eidética de él (Merleau-Ponty, 1977, pp. 40-41).

Es precisamente la necesidad de esa reflexión sobre la existencia y el ser de la conciencia la que reivindica el Dr. Avelino García como tarea filosófica previa al quehacer psicológico científico; sin la dirección dada por la reflexión eidética, la inducción sería ciega, pues no se sabría hacia dónde conducen los hechos y sus relaciones empíricamente determinados.

El tercer trabajo de carácter teórico, presentado por un intelectual dominicano en el Primer Congreso Interamericano de Psicología, fue escrito por el Dr. Juan Francisco Sánchez, profesor de Metafísica e Historia de la Filosofía, y uno de los hombres de mayor erudición filosófica que ha tenido el país.  Sánchez (1955) reflexiona sobre las implicaciones metafísicas, antropológicas y gnoseológicas de la Psicología.  Con una erudición filosófica verdaderamente impresionante, el Dr. Sánchez hace desfilar al lector frente a la historia del concepto “alma” desde los diálogos platónicos hasta el existencialismo.  Luego pasa al examen de las tres principales características atribuidas a la realidad humana a través de la historia, a saber, la sustancialidad, la conciencia y el dinamismo; examina el conocimiento como “espejo” de la realidad y como creación de significados, ilustra su carácter histórico, y expone las consecuencias gnoseológicas del proceso de objetivación.

Sobre estos últimos problemas, después de exponer las dos grandes tradiciones gnoseológicas del pensamiento occidental – la platónica con su énfasis en el conocimiento por intuición y la aristotélica con su énfasis en el conocimiento conceptual – el Dr. Sánchez ilustra históricamente el carácter relativo de todo conocimiento con referencia a las modificaciones fundamentales que ha sufrido el pensamiento científico desde Aristóteles hasta el presente siglo, describiendo el estado de las ciencias contemporáneas en los términos siguientes:

Pues bien, después de la revolución introducida por Einstein con la teoría de la relatividad; por Planck con la teoría de los quanta; por Heisenberg con su “principio de indeterminación” y por la termodinámica y la teoría de la radiación, la física y su instrumento la matemática moderna, han construido un tipo de saber mucho más flexible: la ciencia de los “observables estadísticos”.  No existe una sola mecánica, ni una sola geometría, sino que son posibles varias mecánicas y varias geometrías, es decir, varias matemáticas.  Pero lo importante del caso es que esto es posible porque el “instrumento” mismo se ha modificado: ya hoy en día se sabe que no existe una sola lógica que sea la única necesariamente válida.  Los principios de la lógica clásica (contradicción, identidad, disyunción) son hoy día considerados sólo como teoremas; si se toman como axiomas se cierra la posibilidad de constituir deductivamente una lógica donde quepan todos los descubrimientos que modernamente han tenido lugar en física.  Y es que lo deductivo, la lógica, no es una estructura “necesaria” de la razón – como se creyó – sino sólo una “función de hecho”, que puede ser o puede no ser aplicada según el caso (Sánchez, 1955, pp. 633-634).

El panorama descrito revela que las ciencias particulares son productos culturales, históricos, cuyos contenidos tienen vigencia sólo en forma relativa y temporalmente limitada, lo cual permite concluir que no hay verdades científicas absolutas, sino operacionales, relativas y provisionales.  Pero donde el Dr. Sánchez ve el tendón de Aquiles del conocimiento conceptual es en el campo de la subjetividad.  La subjetividad no es conceptual; lo conceptual es producto de una actitud objetivadora.   Mientras el conocimiento objetivo y conceptual nos llega por la vía de la esencia, el verdadero conocimiento de nosotros mismos nos viene por la vía del ser, que es la vía de la existencia real.  Por eso, cuando queremos conocernos conceptualmente, ya no nos conocemos como vida sino como “cosa”.  En este sentido, el Dr. Sánchez agrega: “Cuando el filósofo o el psicólogo se analizan y se estudian, se objetivan; el pensamiento ´cosifica´la conciencia y entonces ya no conocemos que somos sino que tenemos una ´idea´de lo que somos.  Y por eso toda la filosofía y la psicología científicas están cargadas de ese inaceptable logicismo objetivo que escamotea lo real y cosifica la vida” (P. 635).  Después de señalar la insuficiencia de la observación y del experimento como métodos de la psicología, porque no pueden atrapar lo íntimo, lo subjetivo, lo no aparente, el Dr. Sánchez señala con la misma franqueza que la introspección altera o destruye la objetividad a causa de la acción inevitable del sujeto.  Frente a las limitaciones de la observación externa y de la introspección para el conocimiento de la subjetividad, el Dr. Sánchez explora la vía del místico, la cual presupone un vacío mental, una oscuridad sentimental, como requisito para el verdadero sentimiento de sí mismo, pues todo concepto es mediación e implica distancia. Toda su exposición sobre el yo y sobre las condiciones de su conocimiento discurre en el contexto del conocer del místico.  Volviendo a la psicología y a sus posibilidades de llegar al fondo mismo de la realidad humana, el Dr. Sánchez sostiene que si la psicología ni siquiera ha logrado convertirse en una ciencia natural, más difícil aún será convertirla en ciencia del espíritu, dada la resistencia del hombre al conocimiento de sí mismo.  Después de señalar que la psicología no cuenta con un cuerpo de leyes para interpretar los fenómenos psíquicos, el Dr. Sánchez distingue entre lo que él llama causalidad “macroscópica” de la física y la causalidad “atómico-dinámica” de los procesos psíquicos.  Al referirse al lugar de la psicología en la cultura y a su papel en la civilización, el Dr. Sánchez señala:

La psicología oficial, científica y académica, experimental y laboratorista, tiene su puesto histórico en la cultura y su papel a jugar en la civilización nadie puede quitárselo, pero no pasará de conocer al hombre más o menos superficial.  El mismo Boring, uno de los psicólogos experimentales más ilustres confiesa que ´todo lo que existe como realidad para la psicología es producto de la inferencia inductiva (obtenida) generalmente de datos experimentales…´.  Inferencia, inducción sobre datos experimentales, esquema lógico y por tanto proceso mental condicionado por el objeto, por normas de pensamiento e intereses subjetivos del psicólogo: por ese camino la psicología “científica” no saldrá jamás de la trillada senda del ensayo, las interpretaciones provisionales y la continua rectificación de errores (pp. 646-647).

El Dr. Sánchez termina su trabajo subrayando la importancia capital del conocimiento de sí mismo, e invita al estudioso a desarrollar una psicosofía al margen de la psicología académica y del pensar conceptual, pues “todo el misterio del hombre está encerrado en el hombre, y cualquiera que haga del conocimiento de sí mismo el principal objetivo de su vida, se tropezará con maravillas que no están consignadas en las frías páginas de los libros académicos…” (p. 647).

Muchos de los problemas planteados por el Dr. Sánchez constituyen temas en discusión entre los defensores de una perspectiva científico-naturalista en Psicología y los que prefieren una psicología fenomenológica.  Por ejemplo, el problema de las limitaciones del pensamiento conceptual y del alcance de las experiencias no conceptualizadas fue el centro de un debate psicológico trece años después del Primer Congreso Interamericano de Psicología (Brody & Oppenheim, 1966; Giorgi, 1970; Henle & Baltimore, 1967; Zaner, 1967).

El Primer Congreso Interamericano de Psicología, visto retrospectivamente, constituye un excelente testimonio de la distancia que entonces separaba a las psicologías latinoamericana y norteamericana en términos de desarrollo.  Por ejemplo, Bachrach (1955 b) no encontró interlocutores latinoamericanos calificados cuando hizo una abierta defensa del operacionalismo y del positivismo lógico como las metodologías de la ciencia, y como las más productivas en la investigación psicológica.  Su tesis fue respaldada por extensas citas de Carnap, Einstein, Feigl, Planck, Pratt y Stevens, acerca de la realidad y lo real, la experiencia privada y pública, la verdad, el mundo sensorial y el mundo objetivo.  Estos problemas flotaban en la atmósfera de la filosofía de la ciencia desde principios de siglo, y fueron objeto de reflexión y debate en el Simposio sobre Operacionalismo organizado en 1945 por iniciativa previa de Boring; un segundo Simposio sobre Operacionalismo se realizó en 1954.  Una lectura a la discusión que siguió a la exposición de Bachrach revela que los psicólogos latinoamericanos que asistieron al Primer Congreso Interamericano de Psicología no estaban muy al tanto de lo que era el operacionalismo, de sus alcances y limitaciones en una ciencia psicológica, ni del primero de los simposios mencionados.  En este contexto, vale señalar que la principal significación histórica del Primer Congreso Interamericano de Psicología reside en que fue el comienzo de una fructífera interacción entre los psicólogos de Latinoamérica y de Norteamérica que habría de continuar para siempre.  Fue como Oliver Brachfeld interpretó el éxito del Congreso, al pronunciar el discurso de clausura del mismo:

Nuestro Congreso fue un éxito.  Fue un éxito porque correspondía a una necesidad.  Era ya hora de reunir en una conferencia a los psicólogos del Norte con los del Centro y del Sur; ya era imposible continuar separados, o como se dice en Norteamérica; “segregados”.  Ha quedado demostrado de una vez para siempre, señoras y señores, que una tal colaboración no sólo es posible, sino que ya es una realidad (Actas, p. 693).

Y al referirse al estado de la Psicología en República Dominicana, con una mezcla de cortesía, complacencia, aspiración y aliento, Brachfeld dijo:

Creo expresar el sentir de todos nosotros al afirmar que los delegados de la República Dominicana supieron demostrar que están a punto de entrar en el gran concierto internacional de los estudios psicológicos, que son perfectamente maduros para esta tarea, y que sólo falta ya una pequeña chispa para que sus inicios fecundos se plasmen en trabajos que llamarán la atención de los psicólogos del mundo entero.  Y si con la presencia de tantos distinguidos delegados del Norte y del Sur hemos podido contribuir a que la psicología dominicana se convierta sin demora en otra hermosa rama de la psicología americana, creo que todos consideramos nuestros esfuerzos como colmados con creces (Actas, p. 692).

Así concluyó el Primer Congreso Interamericano de Psicología.  Aparte del interés por la Psicología que ciertamente despertó en uno que otro joven dominicano, dicho Congreso no tuvo ningún efecto desencadenante inmediato del potencial entonces latente en algunos dominicanos para el estudio de la Psicología.  Es muy probable que la ausencia en el país de personal con estudios profesionales completos en Psicología impidiera aprovechar la coyuntura del Congreso para iniciar dichos estudios en la única universidad dominicana de entonces; en otros términos, el clima cultural y científico del país no estaba todavía maduro para el desarrollo de la psicología como ciencia y profesión.  Un dato revelador es que en los años que siguieron al Congreso sólo hubo en el país una manifestación escrita en el campo de la Psicología.  La misma fue un trabajo titulado “Proceso Psicopatológico de los Actos Violentos”, escrito por el entonces bachiller Tirso Mejía-Ricart.  Dicho trabajo fue galardonado con el premio de la Facultad de Medicina, y publicado en los Anales de la Universidad de Santo Domingo en 1957. Una etapa nueva para la Psicología en República Dominicana se inició en 1967 con la creación de los primeros departamentos de Psicología en dos universidades dominicanas.  Este es el verdadero comienzo del estudio sistemático de la Psicología en República Dominicana.

Fundación de los departamentos de psicología

Es necesario señalar los principales acontecimientos históricos que hicieron posible el desarrollo de las condiciones para el nacimiento de dichos departamentos. En este sentido, el punto de partida hay que situarlo en la desaparición de la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo, bajo cuyo régimen vivió el país desde 1930 hasta 1961. Una de las primeras conquistas del proceso de democratización del país fue la promulgación de una ley que garantiza desde entonces la autonomía de la Universidad estatal.  La autonomía universitaria trajo consigo la apertura de carreras no tradicionales en el país, iniciándose en 1963 la carrera de Sociología, la cual incluía entre sus asignaturas un curso de Introducción a la Psicología y dos cursos de Psicología Social. Además, se inició un amplio programa de becas para que profesionales dominicanos pudieran especializarse o estudiar en universidades extranjeras con el compromiso de servir a la Universidad a su regreso al país.  Entre 1965 y 1966 se desarrolló un proceso de sustanciales reformas internas en la estructura y en el funcionamiento de la ya autónoma Universidad estatal. El Movimiento Renovador, como lo bautizaron sus propulsores, profundizó en el proceso de democratización de la enseñanza superior en el país, facilitando a grandes núcleos de la población el acceso a la educación superior, abriendo nuevas carreras tanto en las áreas humanísticas y sociales como en las científicas y tecnológicas, y creando un Departamento de Orientación Profesional para brindar asistencia múltiple a los estudiantes.

Fue en esa atmósfera de renovación y apertura que se fundó el primer Departamento de Psicología en la República Dominicana.  Ese hecho ocurrió el 14 de julio de 1967 en la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).  Su fundador y primer director fue el Dr. Tirso Mejía-Ricart, médico dominicano con entrenamiento en psiquiatría y estudios especializados de psicología en la Universidad de Bonn, quien ha publicado numerosos trabajos y libros de textos en psicología general, social, jurídica y de la personalidad.  Desde 1970 hasta 1981 dirigió el Departamento de Psicología de la UASD el Dr. Enerio Rodríguez, psicólogo graduado en la Universidad Nacional Autónoma de México, quien introdujo en el país la enseñanza tanto del análisis funcional de la conducta como de la psicología del razonamiento humano, y a través de numerosas traducciones divulgó en nuestro medio el ya famoso debate entre fenomenólogos y conductistas, iniciado en el Simposio de Rice en 1963, y continuado en revistas psicológicas durante las décadas subsiguientes.  Así mismo ha dado a conocer en nuestro medio las principales ideas de la Ciencia Cognitiva.

A los pocos meses de la fundación del Departamento de Psicología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), el 16 de octubre de 1967, se fundó el Departamento de Psicología y Orientación, adscrito a la Facultad de Educación, en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), universidad privada fundada por iniciativa de un número considerable de profesores que se retiró de la UASD en desacuerdo con el Movimiento Renovador previamente mencionado. Aunque este Departamento fue fundado por iniciativa del Lic. Malaquías Gil, educador y pedagogo español, ex profesor de pedagogía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la Licenciatura en Psicología empezó a ser ofrecida en agosto de 1968, bajo la dirección de José Cruz, entonces con grado de Maestría en Educación (con énfasis en Orientación y Consejo) de la Universidad de Loyola, en Chicago.  Cruz fue sustituido poco tiempo después por el Dr. Rubén Farray, psicólogo graduado en la Universidad de Lovaína, de sólida formación académica y con intereses de investigación en el campo de la formación y cambio de conceptos.  Aunque José Cruz permaneció por muy corto tiempo al frente del Departamento de Psicología y Orientación de la UNPHU, su nombre está vinculado en múltiples formas al desarrollo de la Psicología en República Dominicana, pues además de que por muchos años fue profesor del Departamento de Psicología de la UASD, en 1978 fue el ideólogo del cambio de la antigua División de Psiquiatría e Higiene Mental de la Secretaría de Estado de Salud Pública y Asistencia Social a la División de Salud Mental, iniciando por primera vez en el país los servicios de salud mental comunitaria, y auspiciando junto con el Departamento de Psicología de la UASD un programa de Maestría en Psicología Comunitaria, del cual él fue el primer coordinador.

Quizás llame la atención el hecho de que un país sin tradición de ejercicio profesional en Psicología comenzara con dos programas de formación de psicólogos. Probablemente hubiera sido más provechoso para la Psicología en República Dominicana la colocación de todos los recursos humanos disponibles en 1967 al servicio de un solo programa, pero la rivalidad existente entonces entre los más altos niveles de dirección de las dos universidades impedía cualquier tipo de colaboración interinstitucional; hay que señalar que esa rivalidad fue disminuyendo gradualmente hasta prácticamente desaparecer a mediados de los años setenta, y posteriormente hubo psicólogos graduados en la UASD que fueron profesores en el Departamento de Psicología y Orientación de la UNPHU, así como psicólogos graduados en la UNPHU que fueron profesores en el Departamento de Psicología de la UASD.  Por otra parte, la apertura casi simultánea de dos programas de formación de psicólogos tuvo un efecto positivo importante: permitió reflejar desde un principio en el país la característica heterogeneidad de enfoques que ha marcado a la Psicología en su corta historia como ciencia y profesión.  Antes de entrar en los detalles que configuran la principal diferencia entre los programas de formación de psicólogos de la UASD y de la UNPHU, es preciso señalar que ambas universidades comenzaron con programas provisionales cuyos perfiles definitivos se alcanzó al cabo de dos o tres años de ligeros cambios y afinamientos.  En la versión definitiva del plan de estudios para obtener el título profesional de Licenciado en Psicología, el Departamento de Psicología de la UASD expresó su concepción sobre la Psicología como ciencia y como profesión, y de ahí derivó la dirección que debía seguir la formación profesional del psicólogo.  En este sentido, señalaba:

La psicología es al mismo tiempo ciencia y profesión.  Como ciencia, consiste en un esfuerzo disciplinado dirigido a establecer un cuerpo sistemático de conocimientos acerca de la conducta humana, a través de investigaciones rigurosamente científicas. Como profesión, consiste en el desarrollo y la aplicación de un conjunto variado de conocimientos, destrezas, procedimientos y técnicas, en la tarea general de promover el bienestar humano, particularmente mediante el diagnóstico y la solución de problemas psicológicos.

Como ciencia, la Psicología es relativamente joven, muy heterogénea y con un bajo nivel de integración.  Partiendo de esa realidad, la enseñanza universitaria de la Psicología debe ser un permanente ejercicio crítico, más que una simple transmisión de conocimientos.  En este sentido, el estudiante deberá ser dotado de las herramientas conceptuales y metodológicas indispensables para discernir lo científico de lo no científico en el panorama complejo y cambiante de la psicología contemporánea.

Como profesión, la Psicología nació divorciada de la psicología como ciencia.  En este sentido, muchas de las técnicas y procedimientos vigentes en la práctica profesional de la Psicología se han desarrollado al margen de la investigación científica sobre la conducta humana.

Partiendo de esta realidad, la formación profesional del psicólogo, lejos de limitarse a un entrenamiento en el uso de ciertas técnicas y procedimientos, debe dotar al estudiante de recursos analíticos que le permitan determinar el grado de fundamentación científica de los procedimientos más frecuentemente utilizados en la práctica profesional, así como derivar nuevas técnicas y procedimientos a partir de los conocimientos científicos establecidos.  Este modelo de formación profesional dará como resultado un profesional-científico, capaz de evaluar críticamente la psicología como ciencia y como profesión, y capaz de realizar aplicaciones profesionales creativas del conocimiento científico de la conducta humana. (Departamento de Psicología UASD, 1970).

El documento anterior refleja la influencia del modelo de entrenamiento profesional en Psicología desarrollado a partir de la conferencia realizada en Boulder, Colorado, en 1949 (Raimy, 1950). Después de ocho semestres de estudios teórico-prácticos y la presentación de una tesis, el programa otorgaba el título profesional de Licenciado en Psicología.

Dicho programa fue modificado en 1991, después de varios años de análisis y evaluación, a fin de adaptarlo mejor a los requerimientos de la sociedad; para lograrlo, se diseñó un programa que sin menoscabo de la formación científica, busca fortalecer el entrenamiento profesionalizante, incluyendo en los estudios diversos énfasis o menciones en Psicología Clínica, Organizacional, Escolar, Social y del Desarrollo; además se extendió la duración del programa a nueve semestres, a fin de dedicar el último semestre a un entrenamiento profesionalizante supervisado.

Por otra parte, el programa de formación de psicólogos puesto en marcha por el Departamento de Psicología y Orientación de la UNPHU casi simultáneamente con el de la UASD, aunque no se suscribió de manera explícita a ninguna concepción particular de la Psicología como ciencia, ni formuló declaración alguna sobre la interacción de la Psicología como ciencia y como profesión, perseguía formar un profesional de la Psicología con una sólida integración del conocimiento psicológico y sus aplicaciones.  En su versión inicial, el programa otorgaba el título profesional de Licenciado en Psicología después de nueve semestres de estudios teórico-prácticos y la presentación de una tesis.  Posteriormente, el programa fue extendido a diez semestres, incluyendo en el título menciones alternativas en Psicología Clínica, Psicología Escolar y más tarde, también Psicología Industrial.

Aunque dos programas destinados a otorgar un mismo título profesional deben por fuerza ser más semejantes que diferentes, algunas presencias, ausencias y énfasis en los programas mencionados reflejan diferencias dignas de tenerse en cuenta.  En este sentido, mientras el programa original de la UNPHU reflejaba el enfoque humanístico de la Psicología con su énfasis en la antropología filosófica, el programa de la UASD reflejaba el enfoque científico-natural de la psicología con su énfasis temprano en el estudio de la conducta animal y en el análisis funcional de la conducta.  La ocasión es propicia para señalar que dos cursos de Análisis Funcional de la Conducta en el primer año del programa de formación profesional y dos cursos de Modificación de Conducta en el último año fueron suficientes para que se hablara de la “orientación conductista” del programa de la UASD: En realidad, esos cursos representaban menos del 8% del programa, aunque es cierto que durante algunos años tuvieron un impacto mucho mayor que el correspondiente a su peso cuantitativo.  Menos citado es el hecho de que el programa de la UASD desde su inicio dedicó un curso completo (Psicología Contemporánea) al estudio del debate sobre los fundamentos de la psicología contemporánea que se inició en el Simposio de Rice (Wann, 1964) y con la posterior publicación de un artículo sobre las principales tensiones en Psicología entre los métodos del Conductismo y la Fenomenología (Brody & Oppenheim, 1966), y que continuó durante la década siguiente (Zaner, 1967; Henle & Baltimore, 1967; Brody & Oppenheim, 1967; Day, 1969; Giorgi, 1970; Lichtenstein, 1971; Corriveau, 1972; Giorgi, 1975); y poco mencionado también es el hecho de que el programa de la UASD fue el primero en el país en dedicar un curso al estudio de los procesos mentales superiores (Procesos Cognoscitivos), además del papel central de las teorías de Freud y Allport en el curso de Psicología de la Personalidad, y de la orientación exclusivamente rogersiana con que por más de una década se enseñó el curso de Entrevista Psicológica.  Toda la información anterior sólo es importante a la luz de la necesidad de destruir el estereotipo ampliamente difundido en círculos académicos del país sobre el “carácter conductista” del programa de la UASD.

El programa de Psicología de la UNPHU sufrió modificaciones en varias ocasiones.  Todas las versiones del programa, con excepción del último vigente, se caracterizaban por un fuerte énfasis en Psicología Filosófica; por ejemplo, la primera versión incluía tres cursos de Psicología Filosófica y uno de Filosofía Moderna y Contemporánea, pero ninguna de Psicología Contemporánea ni de Metodología de la Investigación Psicológica.  Esta situación fue cambiando gradualmente, hasta que el último programa de Psicología de la UNPHU incluyó cursos de Psicología Animal, Registros de Conductas, Terapia Conductual y Modificación de Conducta; los cursos de Psicología Filosófica desaparecieron y en cambio se incluyó un curso de Antropología Filosófica y un curso dedicado a la psicología contemporánea, con el título de Teorías y Sistemas; además de un curso sobre investigación psicológica, que ya existía con el nombre de Métodos de Investigación Psicológica en versiones anteriores del programa, se sustituyó los dos cursos tradicionales de Estadística por tres cursos sobre Diseños de Investigación (paramétricos, no paramétricos y multivariados) y se incluyó un curso sobre Encuestas y Escalas.  A diferencia de los programas anteriores de la UNPHU, el último programa vigente formuló de manera explícita sus propósitos en los términos siguientes:

El Departamento de Psicología de la UNPHU, tiene como objetivo formar recursos humanos capaces de integrarse a la evaluación, diagnóstico y modificación de la conducta humana.  Los conocimientos y destrezas adquiridas en el área de la descripción, comprensión y control conductual, permitieran al egresado de esta carrera una efectiva intervención en diversos ambientes, tales como el Clínico, Escolar-Educativo y Laboral.

Al finalizar el Ciclo Técnico (los primeros seis semestres más una Monografía, ERA), el estudiante manejará los procedimientos de investigación psicológica así como las técnicas básicas de la medición de la conducta, obteniendo el título de TECNICO EN PSICOMETRIA.  Al finalizar la carrera (diez semestres más un Trabajo de Grado, ER), el estudiante obtendrá el título de LICENCIADO EN PSICOLOGIA CLINICA, PSICOLOGIA ESCOLAR o PSICOLOGIA INDUSTRIAL, según el área de especialización (Departamento de Psicología UNPHU, 1983).

Los cambios sustanciales mencionados y el documento reproducido permiten concluir que el programa final de Psicología de la UNPHU concedía más importancia al estudio de la conducta que a la reflexión filosófica sobre la mente humana.  El nuevo programa comenzó a funcionar en 1983, y permaneció hasta el 2008 en que por razones financieras, la UNPHU decidió cerrar la carrera de Psicología. Se trata de una baja muy sensible para la psicología dominicana, dados los elevados estándares de calidad que mantuvo dicha Universidad en la difícil tarea de formar profesionales de la psicología.

Con la fundación de nuevas universidades privadas, surgieron nuevos programas de formación de psicólogos, y para 1984 había siete programas funcionando en el nivel de Licenciatura y tres en el nivel de Maestría (Escala, 1984); dos de los programas de Maestría (en Psicología Clínica y Psicología Comunitaria) sólo funcionaron por una vez, y el otro (en Psicología Educativa) funcionó para varios grupos sucesivos, pero también desapareció.  Actualmente funcionan 14 programas en el nivel de Licenciatura y varios en el nivel de Maestría (Psicología Clínica, Organizacional, Escolar, Terapia Familiar y Terapia Sexual).  Actualmente existen alrededor de 15,000 psicólogos egresados de las universidades dominicanas y es cercano a 16,000 el número actual de estudiantes de Psicología (Datos de la Secretaría de Estado de Educación Superior, Ciencia y Tecnología al 2005-1).

Reflexión sobre la formación profesional

Con el crecimiento incontrolado de los programas de formación de psicólogos en el país, resulta difícil describir el proceso de formación del psicólogo en República Dominicana, pues hasta el momento no ha habido unidad de criterio al respecto.  Cada institución decide libremente sobre los requisitos para graduar un psicólogo así como la forma en que dichos requisitos serán cumplidos por el candidato. Dentro de la mencionada heterogeneidad, sobresalen algunas dificultades que son comunes a la tarea de formar profesionales de la Psicología en República Dominicana.

En el nivel de Licenciatura, la principal dificultad común a todos los programas de formación de psicólogos ha sido la falta de facilidades para el entrenamiento práctico profesionalizante.  La ausencia de personal acreditado para supervisar las prácticas de los estudiantes en la fase terminal de su formación profesional ha impedido alcanzar el equilibrio y la coordinación necesarios entre los aspectos teóricos y prácticos de la docencia en los departamentos de psicología del país. Esta situación existente en 1967 como consecuencia de la ausencia de tradición de ejercicio profesional en Psicología en el país, se ha agravado durante las últimas décadas como resultado de la proliferación de programas de formación de psicólogos, que ha hecho crecer las necesidades vinculadas al entrenamiento profesional en una progresión geométrica, mientras que las facilidades institucionales para dicho entrenamiento no han crecido ni siquiera en una progresión aritmética.  Debido a ello, aspectos cruciales de la formación profesional del psicólogo quedan frecuentemente bajo la responsabilidad de jóvenes recién egresados de las aulas universitarias, con escasa experiencia docente y profesional.  En un orden similar de ideas, la multiplicación de los programas de Psicología en el país, con sus niveles altamente variables de exigencia, podría conducir a un equivalente psicológico de la “Ley de Gresham” en Economía; en este sentido, mientras los programas con niveles más altos de exigencia estarían destinados a sufrir una sensible reducción en su matrícula, los programas con niveles más bajos de exigencia experimentarían un notable crecimiento en la misma, reproduciendo en el campo de la formación de psicólogos el fenómeno señalado por Gresham en el siglo XVI de que “La moneda mala desplaza a la buena”. Esto tiene a su vez el considerable perjuicio de inundar la profesión psicológica con profesionales pobremente preparados para hacerse preguntas importantes y buscar las respuestas, para leer con actitud crítica la literatura psicológica, y para contribuir en algún sentido al desarrollo de su propia profesión.  La tentación que constituye el atractivo de obtener un título universitario en corto tiempo y sin mucho esfuerzo, representa la amenaza más grave al desarrollo de la psicología como profesión destinada a dar respuestas verdaderamente profesionales a las necesidades de servicios psicológicos de la sociedad dominicana; además, un profesional formado bajo esos criterios está en franca desventaja cuando las circunstancias lo coloquen en inevitable interacción con profesionales afines, enajenándose el respeto de estos últimos.  Por otra parte, cualquiera que haya vivido en contacto con la Psicología por más de una década se habrá dado cuenta de que el saber psicológico es de aprendizaje muy lento e incierto, y por ello la formación profesional del psicólogo requiere de esfuerzo y dedicación persistentes, y de tiempo.  En cuanto a los programas de Maestría, los principales problemas residen en la flexibilidad de los criterios para el ingreso, que conduce inevitablemente a grupos académica y profesionalmente muy heterogéneos, y en el régimen de tiempo parcial con que la mayoría de los estudiantes desarrolla el programa de estudios; pero a pesar de ello, estos programas constituyen las únicas oportunidades abiertas en el país para que el psicólogo dominicano pueda alcanzar cierto nivel de especialización; en esa virtud, sería deseable que las universidades con más tradición en la enseñanza de la Psicología incorporaran los programas de Maestría a su quehacer permanente y les brindaran facilidades a los licenciados en Psicología egresados de sus propias aulas, que por sus credenciales académicas sean considerados candidatos potencialmente exitosos para continuar estudios en el nivel de Maestría. De esa manera, los programas de Maestría podrían convertirse en la fuente de los recursos humanos calificados, necesarios para enfrentar el reto de formar profesionales en la psicología que puedan sustentar su ejercicio profesional en el conocimiento de la ciencia psicológica.

Sin pretender ofrecer una panacea a los complejos problemas que rodean el proceso de formación profesional en la carrera de psicología, creo que la discusión debe comenzar por la relación entre la psicología como ciencia y la psicología como profesión.  A diferencia de la medicina y la ingeniería, que en sí mismas no son ciencias sino profesiones basadas en la integración y la aplicación de conocimientos generados por diferentes disciplinas científicas, la psicología conjuga en sí misma la doble condición de ciencia y profesión.  Es por ello que, desde mediados del siglo XX se ha sostenido que una persona que se llame profesional de la psicología debe, primero que todo, ser científica Raimy, 1950).  El modelo de formación profesional que se deriva de esta convicción implica que un verdadero profesional de la psicología debe familiarizarse con la aplicación del método científico en un grado tal que un simple profesional debe ser un científico-profesional de la psicología.

Las implicaciones de este modelo conceptual de adiestramiento profesional han sido ampliamente discutidas, en vista de las habilidades aparentemente diferentes que caracterizaran al investigador y al profesional en ejercicio (Peterson, 1976; Wollersheim, 1974).  Peterson (1971) ha argumentado que la formación de un científico es un proceso tan complejo y prolongado que limita considerablemente el espacio al adiestramiento en la adquisición y uso de las destrezas necesarias para el ejercicio profesional.  A pesar de este argumento, y de que la evolución de las necesidades de servicios psicológicos ha obligado a abrir espacios a nuevas modalidades de adiestramiento profesional (Korman, 1974), el modelo del científico-profesional sigue gozando del más alto prestigio entre quienes dirigen los
programas de formación de psicólogos en Norteamérica (O´Sullivan & Quevillon, 1992).

Rosenzweig (1992) incluyó a la República Dominicana entre los países cuya psicología muestra un énfasis en la aplicación y la práctica, lo cual implica que no es posible la adopción pura y simple del modelo de adiestramiento profesional previamente descrito.  Además, sería inútil pretender conseguir en menos de cinco años y con estudiantes a tiempo parcial lo que con estudiantes a tiempo completo y en mejores condiciones de adiestramiento requiere aproximadamente siete años.

Es obvio que las limitaciones señaladas no cambian la realidad de la psicología en su doble condición de ciencia y profesión, pero sí pueden imponer cierto reordenamiento de las prioridades en la formación profesional del psicólogo dominicano. En este sentido, el futuro profesional de la psicología debe familiarizarse con una ciencia relativamente joven, conceptualmente heterogénea y con un bajo nivel de integración. Partiendo de esa realidad, la enseñanza universitaria de la psicología debe ser un permanente ejercicio crítico, más que un proceso simple de transmisión de conocimientos.  En otra dimensión, la formación profesional del psicólogo, lejos de limitarse al adiestramiento rutinario en el uso de técnicas y procedimientos, debe dotar a la persona de los recursos analíticos indispensables para evaluar científicamente los procedimientos más frecuentemente empleados en la práctica profesional, así como realizar aplicaciones profesionales nuevas a partir de los conocimientos científicos establecidos. De esta manera, el modelo de formación profesional resultante pone el énfasis en formar un profesional de la psicología con una clara convicción de su quehacer que debe sustentarse en los conocimientos establecidos por la propia psicología y las ciencias afines.

Aunque cada país de América Latina ha hecho su propia discusión sobre la formación profesional del psicólogo, la elaboración de un modelo latinoamericano para el adiestramiento profesional en psicología ocurrió en la primera conferencia latinoamericana sobre adiestramiento en psicología, celebrada en Bogotá en diciembre de 1974 (Ardila, 1978). El llamado modelo latinoamericano propone un período de formación de cinco años, al término del cual, el estudiante, previa presentación de una tesis de grado, obtiene el título de psicólogo que le califica para laborar en cualquier área de la profesión sin necesidad de un perfeccionamiento adicional.  Aunque pone énfasis en los aspectos profesionales aplicados, el modelo latinoamericano considera que el psicólogo debe ser tanto un científico como un profesional.  Según este modelo, la formación debe darse en todas las áreas de la psicología, y aunque en los últimos semestres se promueva la especialización, esta última no debe aparecer en el título, que será el de Licenciado en Psicología o el de Psicólogo, sin ninguna otra mención.  Con excepción de la duda en torno a la posibilidad de que en cinco años se pueda preparar un psicólogo que, sin necesidad de adiestramiento adicional, sea capaz de trabajar en todos los campos del ejercicio profesional de la psicología, creo que el modelo latinoamericano, con su énfasis en los aspectos aplicados de la profesión y la insistencia en su fundamentación científica, constituye un punto de referencia útil en la discusión sobre la formación profesional en la disciplina.

Por otra parte, el énfasis en un ejercicio profesional basado en el conocimiento de la ciencia psicológica constituye el mejor antídoto contra las ocasionales “huidas hacia lo profano” (Skinner, 1972) de algunos profesionales de la psicología, y contribuirá a proteger al público ingenuo que, ansiando salud, felicidad y éxito, se deja arrastrar por las más extrañas afirmaciones y las promesas más fantásticas (Yates, 1967). Asimismo, constituye una barrera contra la proliferación del charlatanismo dentro de la profesión psicológica.  Anastasi (1970) incluye entre los charlatanes a aquellas personas que promueven diversos sistemas para desarrollar la personalidad en poco tiempo y sin esfuerzo alguno, perfeccionar la memoria en unas cuantas lecciones, superar fácilmente los temores y otros problemas emocionales en general, alcanzar salud, riqueza y felicidad.  En esta forma, el charlatán promete soluciones más fáciles y satisfactorias para los problemas de la gente que las que puede ofrecer el verdadero psicólogo, consciente del alcance y de los límites de su ciencia y profesión. En síntesis, fortalecer la formación del psicólogo en los aspectos científicos y metodológicos, vincular de manera coherente la enseñanza teórica con el tratamiento práctico, y extender el proceso de formación profesional hasta cinco años, son medidas que conducirían a mejorar la calidad profesional y científica de los futuros psicólogos dominicanos.

Investigación, publicaciones y congresos

En cuanto al estado actual de la investigación psicológica en la República Dominicana, hasta ahora no ha existido ningún programa de postgrado orientado específicamente a la formación de investigadores en Psicología.  El único programa de postgrado en metodología de la investigación científica existente en el país está adscrito a la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, y al mismo acceden muy pocos graduados de psicología.  El nivel de familiarización con los métodos y técnicas de la investigación psicológica que alcanzan los psicólogos egresados de las universidades dominicanas, en el mejor de los casos sólo les permite ser usuarios críticos de conocimientos, técnicas y procedimientos, o interlocutores calificados en equipos interdisciplinarios de investigación bajo la dirección de un investigador debidamente adiestrado para esos fines.  Es por eso que, aparte de la investigación que se hace como ejercicio académico durante el proceso de la formación académica profesional, la investigación psicológica en República Dominicana es escasa y esporádica.  Sólo en la Universidad Autónoma de Santo Domingo existe desde 1999 un Instituto de Psicología, el cual bajo la dirección de la Dra. Mayra Brea ha diseñado y ejecutado algunos proyectos aislados de investigación. Dicho Instituto no dispone de un cuerpo mínimo de investigadores que puedan articular programas de investigación de amplio alcance, que trasciendan los intereses coyunturales de investigación.

En el ámbito de las publicaciones existe nominalmente una Revista Dominicana de Psicología, que ha publicado varios números, pero por su carácter privado, se ha visto con frecuencia afectada por irregularidades en su calendario de publicación. La publicación más consistente en cuanto a su regularidad, es la revista Ciencia y Sociedad, publicada por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, la cual, aunque no es una publicación estrictamente psicológica, ha recogido en sus páginas desde 1981, más de veinte artículos escritos por psicólogos dominicanos.  Cabe mencionar aquí igualmente la revista Investigación y Ciencia, publicada por la Universidad APEC (Acción pro Educación y Cultura), la cual dedicó el segundo número del año 1986 a temas psicológicos.

Desde el año 1999, el Instituto de Psicología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo ha publicado varios volúmenes de la revista Perspectivas Psicológicas, que se ha convertido en el principal medio de divulgación de las pocas investigaciones psicológicas que se realizan en el país, y ha recogido algunas investigaciones realizadas en países vecinos.

La República Dominicana ha sido escenario de numerosos congresos y simposios dedicados a la exposición de trabajos de investigación así como al análisis y la discusión de diferentes temas y problemas de Psicología.  Entre el 9 de abril de 1976 y el 26 de noviembre de 1999 la Asociación Dominicana de Psicología (ADOPSI) organizó 11 simposios nacionales, en ocasiones con la participación de distinguidos psicólogos extranjeros.  Además, se han celebrado seis congresos domínico-puertorriqueños de psicología.

Los más importantes congresos de Psicologías realizados en el país, después del Primer Congreso Interamericano de Psicología, celebrado en Santo Domingo del 10 al 20 de diciembre de 1953, son los siguientes:

XVIII Congreso Interamericano de Psicología, celebrado en Santo Domingo del 21 al 26 de junio de 1981.

Primer Encuentro Domínico-Hispano sobre salud mental en niños y adolescentes celebrado en Santo Domingo los días 15, 16 y 17 de febrero de 1993.

Primer Congreso Nacional “Avances de la Psicología”, celebrado en santo Domingo los días 11, 12 y 13 de noviembre de 1993.

Segundo Congreso Domínico-Hispano sobre Salud Mental en Niños y Adolescentes, celebrado en Santo Domingo los días 6, 7 y 8 de octubre de 1994.

Congreso titulado “30 años de Psicología dominicana: Pasado, Presente y Futuro”, celebrado en Santo Domingo los días 28, 29 y 30 de noviembre de 1997.  (Véase Brea, Rodríguez y Alonso, 1998).

Congreso Interuniversitario de Psicología del Caribe y Centroamérica:
Logros y Perspectivas, celebrado en Santo Domingo los días 22, 23 y 24 de noviembre de 2001.  (Véase Brea, Salas y Rodríguez, 2003).

Congreso Internacional “¿Hacia dónde va la Psicología?”, celebrado en Santo Domingo los días 3, 4 y 5 de septiembre del año 2004.  (Véase Cruz Pascual, 2004).

Ejercicio profesional

Durante las primeras décadas de ejercicio profesional de la psicología en la República Dominicana, fueron predominantes las labores clínicas y de orientación vocacional. Eran muy pocos los psicólogos que prestaban servicios en organizaciones e industrias.  En los últimos años sin embargo, como consecuencia del proceso de modernización que ha experimentado la sociedad dominicana, es cada vez mayor el número de psicólogos que brinda sus servicios en el campo de la psicología organizacional y/o industrial.

Antes del año 2001, para el ejercicio profesional, sólo se requería la autorización del Poder Ejecutivo de la nación, la cual era otorgada rutinariamente, previa solicitud a través de los canales institucionales correspondientes.  La única regulación existente entonces era el Código de Ética, aprobado por la Asociación Dominicana de Psicología (ADOPSI) en asambleas realizadas desde el 25 de marzo hasta el 9 de abril de 1980.  En fecha 9 de enero del año 2001 se promulgó la Ley No. 2201, la cual creó el Colegio Dominicano de Psicólogos (CODOPSI).  Dicha ley establece requisitos precisos de formación para el ejercicio profesional en las diferentes áreas de la psicología.

No hay duda de que la psicología dominicana ha ido conquistando poco a poco un mayor espacio en la sociedad dominicana. Psicólogos y psicólogas dominicanos trabajan hoy al servicio de la salud pública y la educación pública y privada, de instituciones empresariales tanto de producción como de servicios. A pesar de ello, elevar la calidad de los servicios profesionales de carácter psicológico sigue siendo una tarea abierta para las instituciones universitarias comprometidas con la formación de recursos humanos en psicología. De lo que hagamos ahora depende que el futuro sea mejor que el pasado.

Don Quijote de la Mancha, montó en cólera cuando se enteró de que alguien había escrito la historia sin darles el crédito que, según él, merecían sus hazañas. Sólo espero que aquellos psicólogos dominicanos que consideren que sus méritos no han sido lo suficientemente reconocidos en la historia que he contado, sean más pacientes que el ingenioso hidalgo de la Mancha.

Dr. Enerio Rodríguez Arias | Psicología para América Latina

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